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PROCESO DE DUELO EN EL
ANCIANO archivo del portal de recursos
para estudiantes |
Marjorie Carevic Johnson
Universidad de los Andes, Santiago de
Chile.
Resumen
Este articulo tiene como objetivo analizar y conceptualizar la relación existente entre el proceso de duelo y el adulto mayor. Además se profundizó como vive este proceso el individuo en esta etapa de su vida. Se parte del supuesto que este acontecimiento provocará un cambio en el individuo, el cual se caracteriza de una forma determinada; y provocará una reacción normal o patológica en él. El artículo además incluye una pequeña investigación conceptual para constatar el paso por estas etapas. Para concluir este artículo se plantean posibles soluciones o intervenciones para que este proceso se elabore favorablemente.
Abstract
The aim of this paper is to analyze and consider the relation that exist between mourning process and senescent. Moreover to deepen how the individual live this process in this stage of his life. It is assumed that incident will be reflected in a change in the individual, who characterize from one exact way and make a normal relation or pathologic in him. Moreover this paper include a short conceptual investigation to verify the pass thru these stage. As conclusion this paper has possible solutions or intervention around of god final of it.
INTRODUCCIÓN
En este artículo se desea investigar como vive el
senescente el proceso de duelo, poniendo especial atención al proceso vivido por
la muerte del cónyuge. Esto debido a que todos llegaremos a esa edad y será
inevitable que tarde o temprano perdamos a nuestra pareja, siendo la mayor
probabilidad de que esto ocurra en esta etapa de la vida, la adultez tardía.
Además, la gran mayoría de nosotros ha sufrido la pérdida de uno o de ambos
abuelos, y ésto nos ha llevado a querer profundizar un poco más sobre este
tema.
En resumen, nuestro trabajo se centrará en poder conceptualizar el
proceso de duelo en el anciano desde distintas perspectivas. Poniendo especial
atención en el tema de la viudez, en el como se vive la pérdida del cónyuge
tomando lo planteado por diferentes autores. Como también, el como se reorganiza
la vida del anciano después de la pérdida.
Marco Teórico
El duelo se puede definir como el estado de pensamiento, sentimiento y actividad que se produce como consecuencia de la pérdida de una persona o cosa amada asociándose a síntomas físicos y emocionales. En otras palabras es una reacción emocional que se da frente a una pérdida. Esta última es psicológicamente traumática en la misma medida que una herida o quemadura, por lo cual siempre es dolorosa. Necesita un tiempo y un proceso para volver al equilibrio normal que es lo que constituye el proceso de duelo (Sociedad expertos de cuidados paliativos).
Proceso de Duelo
El proceso de
duelo se inicia inmediatamente después o en los meses siguientes a la muerte de
un ser querido. El período de tiempo o de duración varia de persona en persona
(Villena), no siempre el mismo, y varia dependiendo del grado de impacto en el
momento de la pérdida, por la personalidad del individuo, y por los recuerdo
internos y externos que se posean de la persona fallecida. Además de estar
determinado por la identidad y el rol de la persona fallecida, por la edad y
sexo de la persona que sufrió la pérdida, por las causas y circunstancias en que
esta ocurrió, y por las circunstancias sociales y psicológicas que afectan al
sobreviviente.
Como todo proceso, el duelo cursa etapas las cuales han sido
definidas por diferentes autores. En general, todos coinciden en que el duelo se
desarrolla en cuatro etapas dinámicas, la primera etapa se denomina de “Impacto
y Perplejidad o Shock”. Esta etapa se inicia cuando nos enfrentamos a la noticia
de la muerte. Puede prolongarse desde minutos, días y hasta seis meses. Se
intenta defender del impacto de la noticia. El anciano se enfrenta a una
realidad que no logra comprender y que capta toda su atención, por lo que el
consuelo no será bien recibido. Es el mismo quien debe verificar y confrontar la
realidad. Tampoco hay que sobreprotegerlo y no forzarlo a realizar actividades
que no quiere, ni tampoco hay que dejarlo en un reposo absoluto por un tiempo
prolongado. Por otro lado, experimenta sentimientos de pena y dolor,
incredulidad y confusión. También presenta trastornos del apetito por defecto o
por exceso, así como también nauseas e insomnio. La segunda etapa se denomina de
“Rabia y Culpa”; hay una angustia intensa, acompañado de un desorden emocional.
La muerte ya ha sido aceptada como un hecho real. El anciano comienza un proceso
de búsqueda de quien ya no está y empieza a expresar los sentimientos por éste.
Una tercera etapa seria la de “Desorganización del Mundo, Desesperación y
Retraimiento”. Esta etapa puede durar hasta dos años. Se intensifica la pena y
llanto. Surgen los sentimientos de culpabilidad, resentimientos, soledad,
añoranza y auto reproche. El anciano siente rabia lo cual lo mantiene resentido
y le impide su readaptación a la nueva realidad y tienen comportamientos o
conductas no meditadas. Sueña con el fallecido, se retira socialmente, suspiros
constantes, hiperactividad y frecuenta los mismos lugares del fallecido.
Presenta sensaciones físicas, como el estómago vació, tirantes en tórax o
garganta, hipersensibilidad a los ruidos, vivencias de despersonalización,
sensación de ahogo y boca seca. También pensamientos de preocupación, presencia
del fallecido, alucinaciones visuales y auditivas. No hay que esperar que el
anciano cambie su conducta o reprima su tristeza, al contrario, hay que
permitirle la realización del duelo, para que sea capaz de enfrentar los
sentimientos de dolor y tristeza. Y la cuarta y última etapa se denomina de
“Reestructuración del mundo, Reorganización y Sanación”. La reestructuración
puede durar hasta dos años. El anciano toma conciencia de la pérdida, acepta el
vacío y lo incorpora como una ausencia presente. Reaparece la paz y el sentido
de vivir, y se atenúa las emociones y sentimientos. Vuelve a sentir la calidez
de quienes lo rodean. Comienza atener una visión más realista del ser
perdido.
Se habla de elaboración del duelo cuando ya se ha aceptado la pérdida y el recordar no causa dolor. El expresar abiertamente la pena que se siente es algo natural y deseable, y supone una buena salida psicológica en términos de la elaboración del duelo recientemente vivido.
Por su parte, el proceso de duelo posee tareas las cuales deben llevarse a buen término para desencadenar una buena elaboración de éste. Se debe aceptar la realidad de la pérdida, luego sufrir pena y dolor emocional, para después ajustarse al medio sin la persona desaparecida en el sentido de construir una nueva vida estable y satisfactoria, y finalmente quitar la energía emocional del fallecido reduciéndola hacia otras relaciones en el sentido de recuperar la capacidad de amar en un sentido mas amplio.
Si ahora caracterizamos los duelos patológicos éstos se producen cuando las tareas del proceso no han sido vividas y finalizadas. El duelo anormal puede presentarse de diversas maneras, que van desde el retraso del duelo o la ausencia, hasta un duelo muy intenso y prolongado, que puede incluso asociarse a conductas suicidas o síntomas psicóticos. Estos ancianos muestran signos de pesadumbre en forma grave y retardada. Aquí el problema es preguntarse por que el paciente es incapaz de superar la pérdida. Existen distintas explicaciones al respecto. Por un lado, se puede ver una fuerte dependencia debido al apego del anciano a su cónyuge difunto. O bien el anciano no mantiene estrecha relación con otro miembro de la familia a quien transferir algunos de los lazos que lo vinculaban a su cónyuge. Como también es probable que las relaciones de duelos patológicos anteriores, si las hubo, hayan sido ambivalentes. Como resultado de este tipo de duelo se puede desencadenar una depresión, la cual en el adulto mayor puede ser mortal. Esta está determinada por la personalidad del anciano como también por su historia vitál. Éste tipo de depresión afecta el sistema orgánico central, endocrino e inmunológico, paralizando el continuo proceso de crecimiento y el intelecto. Además se presenta una declinación del funcionamiento del organismo, deterioro de las funciones físicas, baja de las defensas, con lo cual puede ser presa fácil de cualquier enfermedad. Se presenta alteración de algunos neurotransmisores como la serotonina, noradrenalina y dopamina. El ánimo se resiente y en anciano está constantemente cansado. La pérdida de la salud física puede llevar a una baja de autoestima, una mayor dependencia y una disminución de la movilidad. Es importante en este caso, tener en cuenta que el anciano que vive un duelo patológico nos dará algunas señales de alerta, como puede ser la pérdida de la energía, el sentirse viejo, la anedonia o pérdida de las ganas de disfrutar. Así como también puede presentar insomnio, disminución del apetito y baja de peso cuantificable. Es común que tengan pensamiento de muerte, un fuerte retraimiento social, algún tipo de sentimiento de culpa, un cambio en el estado de ánimo, como también dolores físicos y quejas sobre su salud.
Duelo y melancolía. El duelo y la melancolía son reacciones frente a una pérdida. Freud toma la palabra 'duelo' en sus dos acepciones: como dolor ('dolere') y como combate entre dos ('duelum'), ya que el duelo implica un combate doloroso entre dos: por un lado el yo que se resiste a abandonar sus lugares de satisfacción, y por el otro el principio de realidad que insiste en la pérdida.
Freud se pregunta porqué el duelo resulta doloroso, y al respecto señala que en él podemos encontrar tres afectos: angustia, que es la reacción ante un peligro, y aparece repentinamente, desencadenando el duelo. Luego el dolor que es el displacer producido por un acumulación de una cantidad no tramitada. Lo doloroso del duelo está en una sobrecarga de las representaciones del objeto perdido teniendo en cuenta que el yo es sensible a todo lo que le traiga un recuerdo del objeto perdido. Luego, esa sobrecarga deberá ser descargada poco a poco, y el dolor va cediendo. Además, el dolor viene también porque el objeto perdido ya no nos ama más. Y la tristeza aparece al final de este trabajo doloroso, cuando lo perdido queda registrado como tal, pasando a integrar el pasado. Luego el yo se siente liberado e inviste un nuevo objeto, mediante el proceso de sustitución. Este mecanismo suscita dos cuestiones: una sustitución como consecuencia de una represión primaria, pues se sustituye algo que preexistió. Y cada duelo inevitablemente convoca a duelos anteriores, o sea, hay un resto inelaborable en cada duelo, que retornaría por repetición en otros duelos. Podemos decir entonces que el duelo es, por regla general, la reacción frente a la pérdida de una persona amada u objeto significativo.
La melancolía, por su parte, Freud la singulariza en lo anímico por una desazón profundamente dolida, una cancelación del interés por el mundo exterior, la pérdida de la capacidad de amar, la inhibición de toda productividad y una rebaja en el sentimiento de sí que se exterioriza en autorreproches y autodenigraciones y se extrema hasta una delirante expectativa de castigo. El examen de realidad ha mostrado que el objeto amado ya no existe más, y de él emana ahora la exhortación de quitar toda libido de sus enlaces con ese objeto. A ello se opone una comprensible renuencia; universalmente se observa que el hombre no abandona de buen grado una posición libidinal, ni aun cuando su sustituto ya asoma. Esa renuencia puede alcanzar tal intensidad que produzca un extrañamiento de la realidad y una retención del objeto por vía de una psicosis alucinatoria de deseo. Lo normal es que prevalezca el acatamiento a la realidad. Pero la orden que esta imparte no puede cumplirse enseguida. Se ejecuta pieza por pieza con un gran gasto de tiempo y de energía de investidura, y entretanto la existencia del objeto perdido continúa en lo psíquico. Cada uno de los recuerdos y cada una de las expectativas en que la libido se anudaba al objeto son clausurados, sobreinvestidos y en ellos se consuma el desasimiento de la libido. En el duelo hallamos que inhibición y falta de interés se esclarecían totalmente por el trabajo del duelo que absorbía al yo. En la melancolía la pérdida desconocida tendrá por consecuencia un trabajo interior semejante y será la responsable de la inhibición que le es característica. La melancolía implica una imposibilidad de realizar el trabajo de duelo, o sea, de perder el objeto. La melancolía no necesariamente se desencadena por una pérdida real y, aunque sea así, el melancólico sabe a quién perdió, pero "no sabe lo que con él ha perdido". La diferencia importante con el duelo es la pérdida de la autoestima (que también hay en el duelo, porque uno deja de ser amado) en la medida en que tal pérdida de autoestima se traduce en autorreproches y en una consecutiva espera de castigo delirante. Aparece un delirio de insignificancia y un sentimiento de culpabilidad ("yo me lo merezco").
El concepto articulador de estas relaciones es el narcisicmo, aún cuando el narcisismo por sí solo no explica la melancolías ni las psicosis en general.
Duelo en el anciano. Es importante tener en cuenta que en esta etapa del desarrollo las reacciones del duelo serán más sostenidas en el tiempo, ésto debido a que el anciano tiene mas dificultades para adaptarse a los cambios. La pérdida es el tema predominante en la vida emocional del anciano. Para el anciano la muerte no solo le pone término a la vida, sino que ahora esta más presente que nunca. El duelo en el anciano es similar al del niño, debido a que en la senectud se produce una vuelta a la dependencia. John Bowlby (1980) plantea que esa actitud de búsqueda o vuelta a la dependencia, se debe a la expresión de la respuesta instintiva a la separación que observamos en la infancia. Este impulso no solo se provoca cuando perdemos a la figura de apego más importante en cualquier etapa de la vida, sino que es específico de los seres humanos. Esto produce una disminución de la capacidad para el duelo. La dependencia que presenta el anciano lo lleva a desarrollar conductas no patológicas y adaptativas a la pérdida. También necesitan un sustituto que les brinde seguridad, ya que la pérdida de la persona querida amenaza esta seguridad. No obstante, en otros casos, no parece haber un intento de búsqueda de sustituto, presentándose conductas autodestructivas, en un aparente intento de reunión con la persona perdida, sin mostrar signos de dolor por esta pérdida. El anciano en condición de dependencia, parecería estar más preparado para su propia muerte que la del objeto de su dependencia.
Viudez o viudedad en la tercera edad. La viudez en está etapa esta acompañada de la soledad, entendida como la crisis que se produce por la pérdida de personas queridas. Esta es una de las experiencias más duras a las cuales se ve enfrentado el senescente, el hecho de perder al ser con quien ha compartido una larga etapa de su vida. Es importante el papel que juegan los hijos en esta situación, ya que son ellos quienes deben tratar de aliviar esta soledad.
Durante el primer año de condolencia o duelo, el
cónyuge puede estar deprimido, angustiado y hasta tener reacciones fóbicas, lo
que no implica totalmente el hecho de estar desarrollando un cuadro patológico.
Otro punto importante a destacar es el hecho de que debido a que el ciclo de
la vida de los hombres es más corto, y estos suelen ser mayores que sus esposas,
la situación de viudez es más normal entre las mujeres mayores. Lo cual acarrea
una serie de conflictos, no sólo por la muerte del cónyuge sino además por el
hecho de tener que enfrentar ahora la vida sola. Si el marido, en este caso, ha
sido la principal fuente de sustento ya sea económico, afectivo o de otra
índole, su muerte suele implicar cambios en el nivel de vida. Incluso el
despertarse adquiere otro significado cuando nos damos cuenta que a nuestro lado
ya no hay nadie. Las mujeres viudas aprenden a funcionar en su propia casa sin
la presencia de su marido. Ellas además enfrentan numerosos estresores que
desafían los recursos adaptativos. También tiene fuertes fluctuaciones en sus
recursos financieros. La mayoría de las mujeres siente que la pérdida del esposo
es una pérdida de apoyo emocional. Por su parte los hombres viudos, tienden a
sufrir de intensa depresión luego de la muerte de sus esposas, lo cual se
traduce en la búsqueda rápida de una nueva pareja para casarse. La persona
viuda, entonces, debe reconstruir una identidad cuyo elemento esencial pudo
haber sido la persona casada durante la mayor parte de su vida adulta. Como
plantea el psiquiatra Colin Parkes (1972), “aun cuando las palabras siguen
siendo las mismas, cambian de significado. La familia no es lo que era. Ni el
hogar, ni el matrimonio.”
Si ahora nos centramos en como será la vida de las
personas viudas veremos que, como lo constató Helena Lopata (1979) en sus dos
estudios clásicos realizados a viudas de más de 50 años en Chicago, Estados
Unidos, quienes llevaban una media de once años en tal condición. Ella concluyó
que la mayoría de las mujeres vivía sola. Esto debido a que necesitaban una
independencia de los hijos. A su vez, descubrió que el ingreso mensual que
recibían había disminuido a casi la mitad luego de la muerte del cónyuge. Pero
lo que más llama la atención es que las entrevistadas manifestaron que su
identidad como esposa había sido esencial en su vida adulta.
Tratamiento
Psicoterapéutico. Como una manera de tratar el proceso de duelo normal desde la
terapia se debe fomentar el deporte así como también el establecer una nuevas
relaciones y realizar otras actividades ajenas a lo cotidiano. Mas
específicamente el tratamiento psicoterapéutico debe apuntar a favorecer la
revisión de la relación personal con el fallecido, ayudar al paciente a expresar
el dolor y la angustia, a reconocer las alteraciones cognitivas, afectivas y de
conductas secundarias al duelo, así como también, encontrar una representación
intrapsíquica del fallecido para evitar interpretaciones con mucha carga de
conflicto. Además debe potenciar los mecanismos de adaptación del paciente, debe
permitir la transferencia, y por último, debe facilitar la transmisión de la
dependencia del fallecido a otras fuentes de gratificación cuando sea necesario.
Si ahora nos centramos en el tratamiento para enfrentar el dolor de la
depresión en el anciano producido por el duelo patológico, el tratamiento
farmacológico será administrarle fármacos al anciano en pequeñas dosis que
actúan sobre la serotonina y la noradrenalina. Y el tratamiento terapéutico
suele ser difícil ya que están constantemente rememorando la pérdida. La
familia, un sacerdote o los servicios de una organización pueden ayudar para
reestablecer un puente con el mundo exterior. Es importante por ésto que el
terapeuta mantenga contacto con los familiares para así conocer como afectó la
pérdida a nivel familiar y para que estos conozcan la situación del anciano, y
así ser un apoyo y una compañía.
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