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COMUNICOLOGÍA Y COMUNICACIÓN INTERPERSONAL archivo del portal de recursos
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Marta Rizo García
Doctora en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma
de Barcelona
Diplomada en Técnicas de Investigación en Sociedad, Cultura y Comunicación por el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH).
Licenciada en Periodismo y
Ciencias de la
Comunicación por la Universidad Autónoma
de Barcelona.
Universidad Autónoma de la Ciudad de México
Rizo García, M. (2008)
Comunicología y Comunicación Interpersonal. Reflexiones Sobre un Objeto Olvidado en el Campo Académico de la Comunicación.
Texto
publicado en la Revista Comunicologí@: indicios y conjeturas
Publicación Electrónica del Departamento de Comunicación de la
Universidad Iberoamericana Ciudad de México, Segunda Época, Número 9,
Primavera 2008.
RESUMEN
Este
trabajo presenta reflexiones que apuntan hacia un estado de la cuestión
de lo producido sobre la comunicación interpersonal en el campo de la
comunicación. Se parte de la necesidad de la sistematización
bibliográfica de los estudios en comunicación interpersonal, que dará
lugar a un mapa sobre lo producido en torno a este tema. El artículo se
ubica en los trabajos del Grupo hacia una Comunicología (GUCOM), que ha
trabajado una sistematización de la bibliografía básica de la
comunicación en español (primera etapa), una re-construcción histórica
del pensamiento en comunicación (segunda etapa) y una propuesta de
construcción epistemológica de una Comunicología o Ciencia de la
Comunicación general (tercera etapa). En un primer momento se presentan
algunas generalidades en torno a la comunicación interpersonal.
Posteriormente se hace énfasis en las formas de concepción de la
interacción y la comunicación interpersonal desde dos de las fuentes
científicas históricas de la comunicología que más han tomado en cuenta
este objeto (Psicología Social y Sociología Fenomenológica). Por
último, se apuntan algunas ideas y resultados de sistematizaciones
previas para la construcción de un estado de la cuestión en torno a la
comunicación interpersonal como objeto de estudio en el campo académico
de la comunicación.
I. INTRODUCCIÓN. INVESTIGAR LA COMUNICACIÓN VS. INVESTIGAR LOS MEDIOS DE DIFUSIÓN
Tradicionalmente,
la investigación en el campo de la comunicación se ha centrado, casi
exclusivamente, en el estudio de los medios de difusión de masas.
Investigar la comunicación casi equivale a decir investigar la
comunicación mediática. ¿Qué sucede entonces con otros objetos de
estudio? ¿Por qué la gran diversidad de fenómenos comunicativos que
caracterizan a las sociedades actuales se reduce a la comunicación
mediática? ¿No es la comunicación interpersonal un objeto legítimo de
estudio para los comunicólogos?
La propuesta del Grupo
hacia una Comunicología Posible (GUCOM, México) establece que son
cuatro las grandes dimensiones u objetos de estudio en torno a los
cuales se ha organizado el pensamiento sobre la comunicación: la
expresión, la difusión, la interacción y la estructuración. Una
revisión general del panorama de la investigación en el mundo
iberoamericano pone de manifiesto que la difusión –los medios- ha sido
el gran objeto de estudio, en detrimento de los demás. De este modo,
los análisis relacionados con la expresión, la dimensión formal de los
mensajes, han sido más propios del campo de la lingüística y la
semiótica; los estudios sobre interacción o comunicación interpersonal
se han dejado a manos de la psicología social, y la estructuración, que
aporta visiones más macro-sociales, es abordada sobre todo por la
sociología. ¿Al campo de la comunicación le queda sólo el estudio de
los medios, de la difusión? ¿Es posible la investigación de la
comunicación interpersonal desde una óptica comunicológica?
La
falta de definición de los objetos de estudio propios de las ciencias
de la comunicación ya se ha puesto en evidencia en varias ocasiones, y
desde hace varias décadas. Según John Peters (1986: 528), “la
comunicación ha llegado a ser definida no conceptual sino
administrativamente. Cada departamento, escuela o universidad recrea el
área según su propia imagen. La teoría fracasa como principio de
definición, como fracasa también el intento de determinar la
comunicación como un objeto distinto”. Esta idea se inserta en el
debate acerca de la autonomía y entidad disciplinaria de la
comunicación, mismo que tiene su origen en los años sesenta, en autores
como Wilbur Schramm, entre otros. Según Schramm “la comunicación no es
una disciplina académica, en el sentido en que se designa a la física o
a la economía, sino más bien una disciplina de encrucijada en la que
son muchos los que pasan, pero pocos los que se quedan”.
Una
de las causas de la pobreza intelectual del campo es el problema de la
ubicuidad de la comunicación. La dificultad para llegar a una
definición consensuada de “comunicación” ha llevado al extremo de
pensar que todo puede ser comunicación, y si todo es comunicación,
resulta imposible estudiarla de un modo sistemático. Por lo tanto, por
un lado adolecemos del reduccionismo de ver a la comunicación como
sinónimo de comunicación mediática (medios de difusión masiva), y por
el otro, nos encontramos con un concepto polisémico que da lugar a una
dispersión que obstaculiza una concepción y reflexión rigurosas.
El
propósito de este artículo no es presentar una revisión histórica del
campo académico de la comunicación, sino más bien ofrecer una visión
general de la presencia de la comunicación interpersonal como objeto de
estudio de la comunicación, con énfasis en la producción iberoamericana
y, especialmente, mexicana. Como ya se ha dicho anteriormente, el gran
objeto de estudio de la comunicación han sido los medios, pero ello no
significa que no haya aportes de interés en torno a la comunicación
interpersonal o interacción. En un primer momento se presenta la
definición general de comunicación interpersonal; posteriormente se
presenta el tratamiento de la comunicación interpersonal desde la
psicología social y la sociología fenomenológica, dos corrientes que,
creemos, pueden ayudar a complejizar el tratamiento que desde el campo
de la comunicación realizamos sobre la comunicación interpersonal; por
último, se expone el panorama de la investigación en comunicación
interpersonal en el ámbito iberoamericano.
II. ¿QUÉ SE ENTIENDE POR COMUNICACIÓN INTERPERSONAL?
El
término “comunicación” proviene de la voz latina communicare, que
significa intercambiar, compartir, poner en común. El prefijo (-com) es
especialmente importante, ya que significa juntamente, en unión, en
compañía de, con, juntos, mutuamente. Esta acepción se relaciona, sin
duda, con la interacción, que por su origen etimológico, se refiere al
intercambio de hechos, actividades y movimientos. La comunicación
humana necesariamente se da en situaciones de interacción, pero no a la
inversa, ya que no toda interacción da como resultado acciones de
puesta en común, de entendimiento.
Si se observa con
detenimiento el significado de la comunicación, se aprecia cómo ésta
puede considerarse sinónima de lo que en el campo de la comunicación
denominamos comunicación interpersonal. Por tanto, en sentido estricto,
la comunicación se aleja de lo que el campo asocia con la comunicación
mediática, el objeto privilegiado de estudio. De ahí que sea útil
recordar la distinción entre transmisión o difusión, por un lado, y
comunicación, por el otro: “una cosa es cuando alguien tiene la
intención de transmitir información, otra cuando busca que esa
información sea compartida, puesta en común, y otra cuando sucede,
cuando la información se pone en común por ese movimiento. Todo esto
supone comunicación sin interacción, es decir, difusión, transmisión de
información. Pero si además hay un mutuo reconocimiento de la puesta en
común, entonces aparece la interacción, por las acciones que se toman
para transmitir la información de que la información está en común”
(Galindo, 2004). Esta definición acentúa la concepción originaria de la
comunicación como puesta en común, como proceso de entendimiento entre
seres humanos.
La comunicación interpersonal se define como el
encuentro cara a cara entre dos personas que sostienen una relación de
interdependencia a través de un intercambio de mensajes que proceden de
señales tanto verbales como no verbales. Así, la comunicación, como
fundamento de la interacción social, es el principio básico de las
relaciones sociales. Todo ello pone de manifiesto que la comunicación,
antes que nada, es un proceso social articulado en torno al fenómeno de
compartir, de poner en común y de vincular.
En el proceso de
comunicación interpersonal los sujetos proyectan sus subjetividades y
modelos del mundo, interactúan desde sus lugares de construcción de
sentido. En términos muy generales, la interacción es “el intercambio y
la negociación del sentido entre dos o más participantes situados en
contextos sociales” (O’Sullivan, et. al., 1997: 196). Los mismos
autores consideran que “en la interacción social, el acento está puesto
en la comunicación y la reciprocidad entre quienes promulgan, utilizan
y construyen los códigos y las reglas” (O’Sullivan, et. al., 1997:
196). Ambas definiciones ponen de manifiesto que sólo hay interacción
social si hay una reciprocidad observable por parte de otros.
Como
se puede observar, se suele asociar el concepto de interacción al de
comunicación interpersonal, a las relaciones de comunicación en
situación de co-presencia en el espacio y en el tiempo. La comunicación
interpersonal comprende interacciones en las que los individuos ejercen
influencia recíproca sobre sus respectivos comportamientos, siempre en
una situación de presencia física simultánea. En la relación de
interacción, cada interlocutor intenta adaptarse al comportamiento y
expectativas del otro, puesto que como se verá, la interacción implica
el establecimiento de reglas, normas y dinámicas compartidas.
III. APORTACIONES PSICO-SOCIALES Y SOCIO-FENOMENOLÓGICAS PARA LA COMPRENSIÓN DE LA COMUNICACIÓN Y LA INTERACCIÓN
Siguiendo
la propuesta del GUCOM, son tres las fuentes científicas históricas de
la comunicología que más han aportado a la definición de la interacción
y la comunicación interpersonal: la psicología social, la sociología
fenomenológica y la cibernética; de esta última, destacan sobre todo
los aportes del enfoque sistémico de la comunicación ejemplificado,
sobre todo, en los trabajos de la Escuela de Palo Alto. En este
artículo se toman en cuenta únicamente las dos primeras fuentes, porque
son las que ofrecen más elementos para comprender a la comunicación
interpersonal como sinónimo de diálogo, entendimiento, relación y
vínculo entre sujetos.
III.1. LA COMUNICACIÓN INTERPERSONAL DESDE LA PSICOLOGÍA SOCIAL
A
pesar del enorme espectro de significados que abarca el concepto de
comunicación, es indiscutible su base socio-psicológica. En este
sentido, la comunicación es concebida como un fenómeno a la vez
individual y social. Por un lado, el individuo ocupa un lugar central
en el proceso de comunicación, elemento que ha sido sobre todo
estudiado por los psicólogos cognitivos. Por el otro, la comunicación
tiene una esencia fundamentalmente social, y el centro de la reflexión
sobre la comunicación no es tanto el individuo sino la relación misma.
En
términos generales, la Psicología Social considera tres niveles de
análisis en los que se pueden ubicar los fenómenos de interacción: la
comunicación personal, en el plano de la intersubjetividad; la
comunicación interpersonal, que focaliza su atención en las relaciones
entre participantes de una misma interacción; y la comunicación de
masas, que tiene como eje central a los medios de difusión de
información y que, por este motivo, no parece tan adecuada para
explorar la interacción.
La Psicología Social se centra sobre
todo en dos fenómenos, la interacción y la influencia social. La
primera se erige como el objeto básico de la disciplina, y se define
como la conducta o comportamiento de un conjunto de individuos en los
que la acción de cada uno está condicionada por la acción de otros. Es,
por tanto, un proceso en el que una pluralidad de acciones se relaciona
recíprocamente. En lo que concierne a la interacción, la Psicología
Social estudia procesos interpersonales, personas en relación con otras
personas, formando parte de grupos, y no personas aisladas. El vínculo
entre la interacción y la influencia social se explica a partir del
carácter situacional del comportamiento: cada interacción, considerada
en su contexto y en toda su variedad y extensión, equivale a una
situación de influencia específica.
En la interacción, los
individuos son situados unos en relación con otros. En este nivel
interesa la interacción y las consecuencias que se derivan de ella, y
se basa, sobre todo, en relaciones inmediatas. Como ya se ha dicho,
gran parte de las investigaciones en Psicología Social se sitúan en
este nivel de la interacción, y de este interés provienen asuntos como
la atracción interpersonal, la cohesión, el liderazgo, la percepción
social, la dinámica de grupos, las presiones situacionales, la
comunicación, etc. En todos estos temas se ignora o se deja en un
segundo plano lo referente a las posiciones sociales y a la ideología.
La
Psicología Social concibe la comunicación como un término incluyente,
que abarca todo contacto o interacción entre sujetos. Toda conducta
humana, según este enfoque, se basa en la comunicación, por lo que es
imposible la socialización del hombre sin comunicación. En autores como
Mucchielli (1998), la comunicación es interacción; y también lo es en
autores pertenecientes a los enfoques constructivistas, tales como
Tomás Ibáñez (1988), entre otros.
La afectividad, la
comunidad, la cognición, la persuasión y las relaciones sociales, entre
otros, son algunos de los conceptos psicosociales relacionados con la
comunicación interpersonal. La persuasión es el tema más abordado en el
campo de la comunicación, y se ha estudiado mucho en el ámbito de la
publicidad. También son abundantes los trabajos que abordan asuntos
relacionados con la cognición y la percepción; en muchos casos también
se trata de trabajos relacionados con los medios y la publicidad, lo
cual se evidencia, por ejemplo, en los estudios de disonancia
cognoscitiva aplicados al medio publicitario. Los otros temas –la
comunidad y las relaciones sociales- pertenecen a un pasado más lejano,
cuando la comunicación todavía no era campo académico
institucionalizado. De hecho, tanto comunidad como relaciones sociales
constituyen objetos de interés que ya la Escuela de Chicago y el
Interaccionismo Simbólico abordaron como sustanciales. En la
actualidad, sin embargo, son muy residuales los trabajos en
comunicación que abordan este tipo de temáticas, que oficialmente son
consideradas más cercanas a la sociología y a la psicología social que
a las ciencias de la comunicación.
Algunas preguntas de base
psicosocial que pueden aportar a la reflexión teórica y empírica sobre
la comunicación interpersonal, son las siguientes: ¿Qué papel juega la
comunicación en las relaciones sociales? ¿Cómo usan la comunicación los
grupos sociales, a fin de mantenerse como tales? ¿Qué papel juega la
comunicación en la construcción de comunidad, asociación y sentido de
pertenencia? ¿Qué papel juega la comunicación en la construcción y
mantenimiento de sistemas simbólicos compartidos? ¿Qué papel juega la
comunicación en la construcción y mantenimiento de identidades
sociales? ¿Qué papel juega la comunicación en la construcción de la
afectividad entre sujetos? ¿Qué papel juega la comunicación en la
percepción social? ¿Qué relación existe entre comunicación y cognición
social? ¿Cómo se usa la comunicación con fines de persuasión e
influencia social?
III.2. LA COMUNICACIÓN INTERPERSONAL DESDE LA SOCIOLOGÍA FENOMENOLÓGICA
Para
la Sociología Fenomenológica, el individuo es un actor social que
reproduce su contexto social a partir de sus interacciones cotidianas.
La reflexión se centra en las relaciones intersubjetivas, y se otorga
un rol relevante a los elementos de negociación y de comunicación en la
construcción social de los referentes de sentido que posibilitan el
diálogo, negociación y/o conflicto en cualquier encuentro o situación
de interacción humana.
La reflexión sobre la Interacción desde
la Sociología Fenomenológica implica hablar de la relación entre el yo
y el otro. Esta relación dialéctica no se inscribe en la reflexión de
corte antropológico de construcción de las identidades y las
alteridades, sino que más bien se toma como punto de partida para la
construcción social de la realidad. En concreto, se sitúa en el debate
en torno a la intersubjetividad como principio básico del mundo social.
Como afirma Schütz, “al vivir en el mundo, vivimos con otros y para
otros, y orientamos nuestras vidas hacia ellos. Al vivenciarlos como
otros, como contemporáneos y congéneres, como predecesores y sucesores,
al unirnos con ellos en la actividad y el trabajo común, influyendo
sobre ellos y recibiendo a nuestra vez su influencia, al hacer todas
estas cosas, comprendemos la conducta de los otros y suponemos que
ellos comprenden la nuestra” (Schütz, 1974: 39).
La interacción
–y la comunicación interpersonal como su materia prima- instituye la
realidad social, le da forma, le otorga sentidos compartidos a nivel de
los objetos (dimensión referencial); a nivel de las relaciones entre
los hablantes (dimensión interreferencial); y a nivel de la
construcción del propio sujeto en tanto individuo social (dimensión
autorreferencial) (Vizer, 1982) . Estos tres niveles se ponen de
manifiesto en cualquier situación comunicativa, ya que siempre se habla
de algo, se establecen relaciones entre quienes están hablando, y la
personalidad de éstos tiene fuertes implicaciones en la relación de
interacción dada.
El mundo de la cotidianidad es sólo posible
si existe un universo simbólico de sentidos compartidos, construidos
socialmente, y que permiten la interacción entre subjetividades
diferentes. Ramón Xirau sintetiza esta idea: “Cuando percibo a ‘otro’
lo percibo como un ser encarnado, como un ser que vive en su cuerpo, es
decir, como un ser semejante al mío, que actúa de manera semejante a
como actúo y que piensa de manera semejante a la manera en que pienso”
(Xirau, 2002: 436-437). El mismo autor afirma que “el mundo de los
hombres está así hecho de seres en comunicación que se perciben unos a
otros como semejantes porque comparan al otro con ellos mismos” (Xirau,
2002: 437).
Por tanto, para la Sociología Fenomenológica la
subjetividad está presente en cualquier acto de comunicación, y sin
interacción no existen los sujetos, dado que la construcción de
sentidos compartidos sobre la realidad social requiere,
inevitablemente, de la interacción.
Los comentarios anteriores
dan lugar a una serie de temáticas que, con base socio-fenomenológica,
pueden contribuir a ampliar el espectro de objetos de estudio en el
ámbito de la comunicación interpersonal. Entre otras, señalaríamos las
siguientes: 1) La construcción de consensos en situaciones de la vida
cotidiana; 2) Los elementos que facilitan el diálogo y la negociación
en situaciones comunicativas interpersonales; 3) Los elementos que
obstaculizan el diálogo y la negociación de significados en situaciones
comunicativas interpersonales; 4) La puesta en escena de los
repertorios de conocimiento disponibles (y su objetivación) en
situaciones interpersonales; 6) La importancia de la comunicación en la
construcción de subjetividades individuales y colectivas.
IV. UN MAPA DE PRESENCIAS Y AUSENCIAS. LA COMUNICACIÓN INTERPERSONAL COMO OBJETO DE ESTUDIO COMUNICOLÓGICO
En
el trabajo de revisión y sistematización bibliográfica del GUCOM Cien
libros hacia una comunicología posible (2005) se muestra con claridad
que la presencia de la comunicación interpersonal como objeto de
estudio está en inferioridad absoluta con respecto a los estudios sobre
medios, por un lado, y con respecto a objetos de estudio que relacionan
la comunicación con otros ámbitos de la vida como la política, por el
otro.
La dimensión comunicológica de la interacción está
representada en sólo once de las 140 obras reseñadas en el trabajo de
sistematización bibliográfica mencionado . En este trabajo, sólo dos
libros se ubicaron en la fuente Sociología Fenomenológica, y en ambos
casos se trata de libros originariamente escritos en idioma distinto al
español: La presentación de la persona en la vida cotidiana (1971), de
Erving Goffman , y Espíritu, persona y sociedad (1968), de George H.
Mead . Los dos libros gozan de una cierta legitimidad en el campo
académico de la comunicación, aunque nuestra hipótesis es que no han
sido trabajados de forma rigurosa y su efecto en el campo ha sido casi
insignificante.
Una revisión bibliográfica posterior deja
entrever que la presencia de la comunicación interpersonal sigue siendo
residual en el campo académico de la comunicación. Si nos fijamos en la
producción iberoamericana, podemos ver que la mayoría de trabajos sobre
comunicación interpersonal provienen de campos como la psicología y la
pedagogía o la educación. En el campo de la comunicación, la mayoría de
trabajos que estudian la comunicación interpersonal se ubican en la
línea de investigación de la comunicación organizacional, siendo este
campo de estudios el único que, sin ser estrictamente mediático, goza
de una gran legitimidad en el campo académico, al menos en América
Latina y especialmente en México. Prueba de ello son los trabajos de
académicos mexicanos como Abraham Nosnik, quien emplea el enfoque
sistémico de la comunicación en las organizaciones, Carlos Fernández
Collado (1997) o María Antonieta Rebeil (1988), con aportaciones
básicas para la comprensión de la comunicación organizacional.
Por
una parte, entonces, tenemos algunos trabajos de construcción o
reflexión teórica sobre lo interpersonal, desde la psicología social y,
en mucha menor medida, desde la comunicación. Por el otro, abundan los
trabajos empíricos sobre comunicación interpersonal en organizaciones y
los que se centran en estudiar los procesos comunicativos relacionados
con la educación. En este último terreno, destacan trabajos sobre la
interacción en el aula, que aunque son menos reconocidos que los
trabajos sobre el uso educativo-pedagógico de las nuevas tecnologías de
información y comunicación (NTIC), tienen más que aportar al tema de la
comunicación interpersonal en un sentido estricto.
La
distinción entre los abordajes teóricos y los abordajes empíricos no es
menor. La ausencia de reflexión teórica en el campo académico de la
comunicación afecta también a los trabajos sobre comunicación
interpersonal. En muchas ocasiones nos limitamos a repetir lo que ya se
ha dicho sobre la comunicación interpersonal, en formato de manual
introductorio, por ejemplo. En otros, las obras se centran en algún
aspecto concreto de la comunicación interpersonal y aportan elementos
empíricos muy específicos. De esto último, quizás sean las nuevas
tecnologías de información y comunicación el tema que mayor producción
bibliográfica ha generado en los últimos años, no sólo desde el campo
de la comunicación sino también desde el de la pedagogía.
En
un trabajo anterior (Rizo, 2006) se revisaron quince manuales de
teorías de la comunicación en español para registrar de qué forma son
nombrados los distintos aportes teóricos al campo disciplinario de la
teoría de la comunicación. Los resultados del análisis arrojaron un
privilegio notable de las teorías que se centran en los medios de
difusión, y nuevamente la interacción o comunicación interpersonal
apareció relegada y, no en pocos casos, casi invisibilizada. En
términos cuantitativos, y haciendo uso de la nomenclatura del Grupo
hacia una Comunicología Posible (GUCOM) para nombrar las fuentes
científicas históricas de la comunicología, nos encontramos con un
panorama bastante previsible. Las fuentes con mayor presencia son la
Sociología Funcionalista, la Semio-Lingüística y la Sociología
Crítica-Cultural , con una diferencia sustantiva con respecto a las
demás. Cabe destacar que en el caso de la Semio-Lingüística, se hace
énfasis en aquellas teorías que permiten analizar sobre todo mensajes
mediáticos. La Sociología Fenomenológica, la Psicología Social y la
Cibernética aparecen diluidas en teorías o corrientes que de una u otra
forma han aportado algo al campo de conocimiento de la comunicación,
pero su presencia en los manuales de teoría de la comunicación
seleccionados es mucho menor. La Escuela de Chicago y el
Interaccionismo Simbólico, así como algunas teorías de efectos
psico-sociales de los medios, son las corrientes que mayor presencia
tienen en dichos manuales, y de alguna manera son los aportes más
cercanos a la comunicación interpersonal. Es de destacar la casi nula
presencia de los trabajos de la Escuela de Palo Alto, cuyas
aportaciones sistémicas para la comprensión de la comunicación humana
son sobresalientes.
El análisis anterior nos permite
plantearnos reflexiones como las siguientes. En primer lugar, la
presencia mayoritaria de teorías de la comunicación mediática hace que
las reflexiones sobre la teoría de la comunicación interpersonal sean
mínimas, casi inexistentes. Lo anterior empobrece, sin duda, el objeto
de estudio propio de la comunicación, pues se reduce a los medios
masivos y se dejan de lado los elementos de comunicación interpersonal,
fundamento de la vida social.
Por otro lado, cabe preguntarnos
a quién pertenece el objeto de estudio de la comunicación
interpersonal. Parece que este tema ha sido fundamental para
disciplinas como la Psicología Social, y mucho menos para la
comunicación. ¿Será entonces que el campo académico de la comunicación
tiene como objeto de estudio únicamente a los medios de comunicación?
¿Decir teoría de la comunicación debe equivaler necesariamente a decir
teoría de la comunicación mediática? Desafortunadamente, los aportes
del campo académico de la comunicación en México y en general, en
Iberoamérica, han ido sobre todo dirigidos al estudio de la
comunicación mediática, y aunque la comunicación interpersonal pudiera
considerarse el objeto de estudio que más se acerca al concepto
originario de comunicación, su estudio se ha dejado en manos de otras
disciplinas.
IV.1. CLAVES EN EL ÁMBITO IBEROAMERICANO
Aunque
el panorama presentado en el apartado anterior es en cierto modo
desalentador, no podemos obviar algunas aportaciones que nos parecen
importantes en el campo académico de la comunicación con respecto al
estudio de la comunicación interpersonal y temas afines. Nos referimos,
por ejemplo, a autores como María Dolores Cáceres (2003) y Manuel
Martín Algarra (1993), en España; a Rosalía Garza (s/f), Marta Rizo
(2004, 2005, 2006) y Tania Rodríguez (1996), en México; y a Eduardo
Vizer (2003), en Argentina. Los anteriores son sólo algunos ejemplos.
Por
otra parte, es de destacar, por ejemplo, que en la máxima asociación de
investigación en comunicación en Latinoamérica, ALAIC, no exista un
grupo que se centre específicamente en la comunicación interpersonal.
Ésta aparece diluida en mesas temáticas cuyos objetos son otros como lo
intercultural, la educación, las organizaciones, la juventud, entre
otros. Parece, entonces, que la comunicación interpersonal no es un
objeto legitimado en el campo académico de la comunicación
latinoamericano.
En México, recientemente se ha creado el
grupo de “Comunicación intersubjetiva” de la Asociación Mexicana de
Investigadores de la Comunicación (AMIC). Por ser un grupo nuevo, es
todavía muy pronto para hacer algún análisis de la producción que se
genere al interior del grupo. Sin embargo, es una excelente noticia que
en la máxima asociación de investigadores de la comunicación en México
se haya visto necesaria la creación de una línea de investigación que
aborde temas relacionados con lo interpersonal y lo intersubjetivo.
En
este texto se ha querido poner de manifiesto que la comunicación
interpersonal es un objeto de estudio relegado a un segundo plano en el
campo académico de la comunicación. El predominio de los estudios sobre
medios, o bien de estudios más “macro” como las políticas de
comunicación, han hecho casi desaparecer el interés académico por
estudiar los procesos involucrados en la comunicación humana en el
sentido más estricto de la palabra. Lo interpersonal, el contacto entre
sujetos con cosmovisiones distintas, la consecución del entendimiento
en los procesos de comunicación, nos parecen temas de vital importancia
para seguir consolidando el campo de estudio de la comunicación.
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