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ENVEJECIMIENTO Y CAMBIOS
PSICOLÓGICOS archivo del portal de recursos
para estudiantes |
Trabajo
monográfico para el
Curso Virtual Educación para el
Envejecimiento
Resumen:
En este artículo definiré el envejecimiento desde la
Psicogerontologia, ciencia que trata el envejecimiento desde el ámbito
psicológico desde una perspectiva científica, práctica y
psicosocial.
Plantearé el enfoque tradicional biomédico, junto a los nuevos
enfoques desde dónde toman cada vez más importancia otros ámbitos a la hora de
poder orientar a la persona en su proceso de envejecimiento.
Centrándome en
el ámbito psicológico, abordaré los cambios (que afectan a la generalidad de las
personas mayores) considerados dentro de un envejecimiento normal, no abordando
aspectos referentes a trastornos mentales o psicopatológicos.
A modo de reflexiones planteare que para enfrentarse adaptativamente a esta nueva etapa en nuestras vidas, es preciso realizar procesos de captación de información y reflexión para desarrollar el propio proyecto de vida para mantener independencia y mejorar la calidad de vida.
1.- INTRODUCCION.
Las nuevas tendencias demográficas se traducen en la inversión de la pirámide poblacional de muchos países (si hasta entonces las personas que sobrepasaban los 55 – 60 años no suponían mucho porcentaje con respecto al volumen total de la población y el mayor volumen lo encontrábamos en la infancia y la adolescencia, ahora se produce el fenómeno contrario, es decir, la base de la pirámide poblacional empieza a disminuir aumentando su cúspide, donde se encuentran las personas de más edad). Esto unido a los cambios que se producen en la sociedad (aparición de servicios sociales organizados, cambios en el sistema de organización familiar, incorporación de la mujer al ámbito laboral, avances tecnológicos y nuevos adelantes médicos....) repercute en un incremento de las necesidades sanitarias y de la distribución de servicios sociales para la población de edad.
Envejece el individuo y envejece la sociedad. Al considerar la etapa del envejecimiento se nos plantea un problema social de primer orden, en cuanto las personas mayores como grupo diferente e importante en el ámbito demográfico, con rasgos culturales específicos, intereses propios,... están exigiendo a la sociedad que se garantice el incremento de su bienestar, el desempeñar roles que den sentido a sus vidas, el desarrollar actitudes distintas a las actuales con las que se dé fin a la marginalidad y al desarraigo, a la inseguridad, a la falta de calidad de vida y a todos los prejuicios, mitos y estereotipos, que forman parte el imaginario social que envuelven al proceso de envejecer.
Los recursos destinados por parte de las diversas
acciones o políticas sociales no se han incrementado en la misma proporción en
que se ha producido el incremento poblacional en esta franja de edad. Surge la
necesidad por parte de todos los países de racionalizar los gastos y recursos de
forma que puedan llegar a todas las personas que los precisen de
verdad.
Envejecer, visto desde la perspectiva de una persona adulta, puede
suponer un proceso todavía un tanto lejano, sin embargo, si tenemos en cuenta
que múltiples funciones biológicas y fisiológicas a partir de los 30 años
empiezan a funcionar con una capacidad que se va reduciendo, debemos
replantearnos eso de que el proceso de envejecimiento es algo lejano en nuestras
vidas.
Se hace preciso, pues, que cada adulto reflexione acerca de lo que
dicho proceso significa. Para poder reflexionar debe conocer que se entiende por
envejecimiento y cuales son los cambios esperables y normales a los que debe
enfrentarse. Solo conociendo podrá prepararse y educarse para afrontar, de
manera adaptativa y sana dicho proceso.
2.-¿QUÉ ENTENDEMOS POR ENVEJECIMIENTO?.
Son muchas las ciencias y disciplinas que se han interesado por el envejecimiento. Son muchas las perspectivas (Vega Vega J.L. cita como perspectivas más comunes la que realizan desde un punto de vista: histórico, cultural, religioso, demográfico, sociológico, biológico, psicológico, gerocultor y legal) desde las que se le puede enfocar y por lo tanto delimitar, tanto el proceso de envejecimiento, como los fenómenos que aborda.
A mi juicio, las perspectivas se pueden agrupar
entre:
Aquellas de naturaleza cultural (artes, religión....) y las de
naturaleza científica (demografía, sociología, medicina, psicología,
biología,...)
Aquellas que plantean aspectos que afectan a la sociedad en
general (demografía, sociología, economía...) y las que afectan a cada individuo
concreto que envejece (psicología, biología, medicina....)
Respecto a lo que podemos entender por envejecimiento o envejecer, precisar que no existe una única definición sino tantas como autores o estudiosos han abordado el estudio de esta etapa de la vida.
“ Preferible a hablar de vejez, como estado, es hablar de envejecimiento, como curso o proceso, un proceso que comienza tempranamente, al termino de la juventud, y que a lo largo de la vida adulta se combina con procesos de maduración y desarrollo... El envejecimiento no constituye un proceso simple o unitario, sino un haz de procesos, asociados entre sí, aunque no necesariamente sincrónicos, y que se asocian, a su vez, con la edad cronológica, mas sin coincidir con ella e incluso sin variar en conexión mecánica con ella..... El proceso de envejecimiento se despliega en una secuencia compleja de cambios que tienen lugar en distintos niveles: biológico, psicológico, social.” Fierro A. (1994)
“ El envejecimiento se asocia a una disminución de la viabilidad y a ser universal, progresivo, decremental e intrínseco. No se puede evitar envejecer, se puede evitar y cuidar del envejecimiento patológico (no natural). Envejecer es un hecho, el tiempo discurre sobre nuestros organismos más o menos castigados, por nuestros vicios y enfermedades, pero ello no significa que el tiempo transcurre solo en nuestra contra, la sabiduría solo se puede poseer disponiendo y gastando en general bastante tiempo, la perspectiva es otro valor comparativo esta vez, que solo nos da el tiempo. El envejecimiento en sí es un continuo proceso de desarrollo, nuevas oportunidades, intereses y cambios de perspectiva sobre la vida que la hacen cada día más interesante” Arriola Manchola, E. (1997)
“Nosotros definimos el envejecer como un proceso dinámico, gradual, natural e inevitable, proceso en el que se dan cambios a nivel biológico, corporal, psicológico y social. Transcurre en el tiempo y esta delimitado por este.... Si bien todos los fenómenos del envejecimiento son dados en todos, no se envejece de igual manera, ni tampoco cada parte del organismo envejece al mismo tiempo. El envejecimiento como todo lo humano siempre lleva el sello de lo singular, lo único, lo individual.” Viguera V. (2001).
El envejecimiento bajo mi punto de vista es un proceso dinámico en el que confluyen multitud de cambios en varios ámbitos: biológico, psicológico, social..., pero también un proceso donde existen posibilidades de desarrollo, donde parte de los cambios que son esperables (aunque cuando y con que intensidad se den varíen interindividualmente). y otros cambios pueden considerarse patológicos. Es un proceso en el que confluyen variables ambientales, biográficas y factores individuales como el cuidado, por eso, no hay una única forma de envejecer, sino tantas como personas llegan a envejecer.
3.- ENFOQUE TRADICIONAL BIOMÉDICO.
Indudablemente envejecemos biológicamente. Disminuye nuestra competencia fisiológica y nos volvemos más vulnerables en la composición química del cuerpo a medida que vamos cumpliendo años (disminuye nuestra masa muscular y aumentan las grasas por eso es importante contrarrestar esta tendencia practicando cierta actividad física), hay un incremento del pigmento lipofusión en algunos tejidos y en las interconexiones de algunas moléculas, como el colágeno. Hay cambios degenerativos en el ritmo de filtración glomerular, el ritmo cardiaco máximo al que podemos llegar, la capacidad vital y otras medidas de capacidad funcional. Al disminuir nuestras capacidades disminuye también el poder responder adaptativamente a las variaciones que podemos experimentar en nuestro medio ambiente, nos volvemos más vulnerables a la enfermedad, incluso algunas pueden volverse crónicas y en definitiva el riesgo de sufrir una muerte está latente con una mayor probabilidad de ocurrencia.
Cuando una persona envejecía, desde este enfoque, se plantea que su entorno social o la misma persona, acudía al médico y este profesional prescribe una serie de medidas a tomar ante los deterioros que experimenta. En otros casos, procesos que experimenta la persona como por ejemplo una pérdida de interés por su mundo cercano y sus actividades, se las relaciona a la edad sin profundizar y valorar si estarán incidiendo factores de otros ámbitos fuera del bio-médico, la persona esta sana aparentemente y la sensación de malestar de la persona mayor eran “nanas”.
4.- NUEVOS ENFOQUES EN EL ABORDAJE DEL ENVEJECIMIENTO.
Poco a poco se va tomando conciencia de la existencia
de otros ámbitos, los cuales cada día cobran más importancia en este proceso. Se
hace preciso el explorarlos y ver como interaccionan porque la persona es algo
más que la mera carcasa del cuerpo que supone el ser humano.
Así se van
añadiendo nuevas figuras profesionales a la hora de valorar y orientar a la
persona acerca de los cambios que supone el envejecer, surgiendo la necesidad de
realizar un abordaje multidisciplinar, siempre que sea posible.
Son múltiples los cambios a los que va enfrentarse una persona a lo largo de este proceso en diferentes esferas o ámbitos, pero trataré de sintetizar aspectos fundamentales de los 5 ámbitos que a mi juicio no hay que olvidar nunca.
Estos cinco ámbitos no son independientes interaccionan entre si continuamente. Un cambio en un ámbito puede repercutir en los otros, por ejemplo cuando un individuo se jubila pierde el rol del trabajador y la interacción con las relaciones sociales que creó en ese ámbito no serán tan frecuentes, su ritmo de vida y la distribución del tiempo se ve alterada, puede que no sepa como rellenar esas horas que antes pasaba en el trabajo y su permanencia en el domicilio genere ciertos roces de comportamiento en el seno familiar o en la relación con su pareja, puede que se aísle más de su familia y entorno social cercano y permanezca más tiempo mirando tv o realizando actividades sedentarias, puede que se obsesione con el deporte como forma de recuperar una juventud que ya no volverá, también tendrá que redistribuir las prioridades en cuanto los gastos económicos que realice... Indudablemente la forma como afronte el adulto mayor los cambios que se dan en esos múltiples ámbitos no es igual en todos los adultos mayores.
ECONOMICO.
Nos jubilamos en el mejor de los casos, llegando a la
edad cronológica que por consenso marca la entrada en la vejez y que suele
variar entre los 55 y los 65 años. En caso contrario, seguiremos trabajando o
podremos optar a una pensión de vejez si tenemos la edad que marca la normativa
laboral del país en el que nos encontramos.
En el primer caso se supone que
previamente hemos desarrollado una vida laboral, que hemos realizado los aportes
económicos necesarios para acceder a la jubilación y que se puede acceder al
monto económico de la jubilación (habrá que ver que pasará cuando la gente que
actualmente realiza sus aportes a un plan de pensiones privado o en Uruguay a
una AFAP sea mayor, ante el miedo cada vez creciente de la población de no poder
cumplir con las condiciones y con la cada día mayor inseguridad laboral o cuando
la tasa de recambio generacional no pueda asegurar el pago de las jubilaciones o
pensiones de los sistemas públicos).
El Adulto mayor tiene que plantearse como seguir adelante día a dia, cubriendo sus necesidades básicas (y las de su cónyuge si este no pudo acceder a una jubilación o pensión) con el monto de su jubilación o si tendrá que recurrir a ahorros previos, generados en otras etapas de su vida, o si precisará la ayuda económica de algún miembro de su familia y entorno. Es frecuente que cambien algunas de las prioridades en el destino de sus fondos económicos con respecto a otras etapas de su vida. En Uruguay, por ejemplo, la cobertura de salud, mientras la persona trabaja esta cubierta por los aportes a Disse que realiza el trabajador, pero también el empresario; cuando se jubila dichos aportes, son sustituidos por el pago de la cuota mutual a las entidades prestadoras de servicios de salud y tiene que afrontarla el Adulto Mayor en su totalidad.
SOCIAL.
Cuando envejecemos nos enfrentamos a una progresiva
pérdida de nuestra red social, además de trastocarse el reparto de tiempos de
nuestra vida diaria que teníamos en las etapas anteriores de nuestra vida. En
muchos casos al jubilarnos o cesar en nuestra actividad, perdemos el ámbito
laboral con lo que ello implica de pérdida de relaciones personales y roles. No
somos longevos de por vida a pesar del aumento de la esperanza de vida al nacer
y a medida que envejecemos, nos van dejando las personas con las cuales
manteníamos relaciones de apego fuerte y eran para nosotros personas
significativas. Debemos enfrentarnos a procesos de pérdidas.
Nuestra vida se
puede decir que tiene más momentos de soledad que en otras etapas de nuestra
vida. Coincide, además, en muchos países, con el fenómeno del “nido vacío”, es
decir, en la familia se nota un vacío, los hijos emprenden su propio proyecto de
vida y las relaciones con ellos se hacen más distantes.
Reflexionando sobre que es lo que puede incrementar la soledad o favorecer que aparezca en esta etapa con mayor intensidad, a mi juicio, es un mayor peso de la rutina de vida diaria, trastocada con un incremento del tiempo libre del que dispone ahora la persona, y la falta de una actividad motivante a través de la cual refuerce su autoestima.
NUTRICIONAL.
No se trata de que debamos cambiar nuestros hábitos de alimentación al llegar al envejecimiento. Si debemos hacer una revisión de nuestra dieta y de los alimentos que ingerimos porque cambia nuestro organismo y la respuesta bioquímica a los alimentos. Tal vez la dieta que llevamos hasta ahora no esta cubriendo todas nuestras exigencias nutricionales, por lo cual debemos prestar atención a este aspecto. Igualmente deberemos incrementar el consumo de agua con el fin de evitar la deshidratación y sequedad de la piel y permitir que los efectos de los fármacos que tomamos no sean tan dañinos a nuestro hígado.
Cada uno de nosotros debería tomar conciencia de los alimentos que precisa para mantenerse sano, cuales le son dañinos y poder llegar a personalizar su dieta. La dificultad surge si tenemos que prepararnos la comida para nosotros solos, pero afortunadamente el poder acudir a servicios nutricionales o servicios de comida a domicilio puede contrarrestar la mencionada dificultad.
HABITACIONAL.
Nos preguntaremos si nuestra casa o vivienda habitual está preparada para poder llevar una vida en la que vamos a necesitar suplir ciertas habilidades o capacidades funcionales que vamos a ir perdiendo. Si sufrimos un aumento de nuestra dependencia física o psíquica, real o subjetiva, o el miedo de llegar a experimentarla en un futuro nos empezará a preocupar la solución a tomar con respecto a donde viviremos: si continuaremos en nuestra vivienda habitual y ambiente, si se precisarán ciertos ajustes en la misma, si se producirá una temida institucionalización, por cuánto tiempo y si esta será permanente, si deberemos convivir con alguno de nuestros hijos...
Ante todo esto deberemos reflexionar sobre las medidas a adoptar para mejorar nuestra vivienda, haciéndola más sana y segura valorando la viabilidad y los costos económicos. Deberemos conocer como se producen los accidentes más frecuentes, como manejarnos en estas situaciones y como prevenirlas.
PSICOLÓGICO.
El estudio del envejecimiento en el campo de la Psicología no es hasta la segunda mitad del siglo XX cuando empieza a cobrar importancia como campo científico claramente definido. Las razones de dicho auge hay que buscarlas en las presiones demográficas (se reduce la natalidad, se produce un incremento progresivo en la expectativa de vida de la población de la mayoría de los países, por lo cual muchos profesionales del ámbito de la psicología empiezan a centrar su interés en esta etapa del ciclo vital).
Aparece interrelacionado con el ámbito psiquiátrico dependiendo de cómo esté estructurado el Sistema de Salud en cada país y si es un Psicólogo o un Psiquiatra quien atiende a las demandas de la población mayor y su entorno familiar y social.
En el ámbito psicológico nos cuestionamos: ¿qué pasa con nuestra mente?, ¿cómo funciona cuando llegamos a viejos?, ¿nuestra personalidad cambia o se mantiene estable?, ¿experimentamos grandes cambios afectivos? ¿de qué tipo? ..
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4.1 - ENVEJECIMIENTO PSICOLÓGICO NORMAL.
Desde un punto de vista psicológico, lo que más llama la atención son los fallos en la memoria reciente que los propios adultos mayores y nuestro entorno social o familiar suele asociarlos a la enfermedad de Alzheimer. Se da dicha preocupación porque se desconoce que en la vejez hay cambios que se consideran normales con respecto al funcionamiento cognitivo. Igualmente se producen cambios afectivos y en la personalidad que deben ser considerados como normales y esperables.
La persona cuando llega a envejecer sufre un aumento
de la vivencia de pérdidas, entendiendo pérdida como la vivencia por la cual
sentimos que ya no tenemos algo, a nivel real y subjetivo que es significativo
para nosotros. Dichas pérdidas afectan a todos los ámbitos, aunque en este
artículo me centraré en las pérdidas a nivel afectivo. Todas las pérdidas
implican un proceso de duelo, es decir, de un trabajo psíquico. El superar la
pérdida es vital para la persona que envejece, disminuyendo la probabilidad de
que se produzcan repetidas crisis de identidad o que se atenúen las
repercusiones de las mismas en la vida de las personas adultas mayores.
Bajo
mi punto de vista estos cambios psicológicos se presentan más acentuados cuando
la persona empieza a notar que los cambios físicos y biológicos generan una
pérdida, real o subjetiva, de la independencia que vivía hasta entonces.
En la Tercera Edad, quizás porque las primeras
décadas después de la jubilación, es un tiempo esperado y ansiado, no suele
esperarse que la persona sufra grandes pérdidas, y si ocurren, la tendencia
general es que se resuelvan adaptativamente porque también la red social es
amplia y numerosa todavía, o incluso se empieza a agrandar en la medida que
ocupa su mayor tiempo libre en nuevas actividades que incluye en su proyecto de
vida.
Llegando a la Cuarta Edad las pérdidas son más numerosas y
desencadenan el recuerdo de pérdidas que no han sido elaboradas, unido a que la
red social empieza a disminuir y el pensar asistir a entierros empieza a
desencadenar la anticipación de su propia muerte.
La persona en definitiva
empieza a cuestionarse más acerca de su identidad en la medida en que no
encuentra una respuesta satisfactoria que disminuya la angustia que los mitos,
los prejuicios y las ideas falsas sobre el proceso de envejecimiento le pueda
generar y que la sociedad no trata de contrarrestar devolviéndole una imagen con
la que pueda identificarse plenamente, dañándose el autoconcepto.
4.1.- Cambios afectivos.
El principal cambio esperable al que va a tener que
enfrentarse es a procesos de pérdidas más habitualmente que en otras etapas de
su vida (la perdida de sus figuras parentales y de personas significativas en su
vida con las que mantenía fuertes lazos a nivel emocional y afectivo).
El
duelo es el conjunto de reacciones de tipo físico, emocional y social que se
producen por la pérdida de una persona que nos es cercana. Dependiendo de la
intensidad de la relación podremos experimentar, desde un sentimiento
transitorio o de tristeza, hasta una desolación completa que puede persistir por
años o volverse crónica. En este último caso decimos que el duelo no se ha
elaborado adaptativamente y va adquiriendo matices patológicos, ante los cuales
es preciso recurrir a la ayuda de profesionales con experiencia en su abordaje
en personas mayores.
El perder a un ser querido representa un gran trauma
emocional que nos hace especialmente vulnerables a padecer una enfermedad física
y trastornos mentales.
El superar la pérdida implica un proceso de
elaboración, en el cual debemos atravesar diferentes etapas:
Shock o parálisis.
Se produce cuando nos
enfrentamos a la noticia de la muerte y puede durar de minutos a días. Nos vamos
a encontrar apáticos, con embotamiento o tal vez con hiperactividad. Lo que
intentamos básicamente es defendernos del impacto que supone tal noticia en
nosotros y nuestra psique, pero tarde o temprano aparecerán los sentimientos de
aflicción que pueden ser atemperados en función de cómo recibamos la noticia y
si era esperable o no.
Alivio o relajación.
Se podría decir que tras el
funeral entramos en esta fase de duración corta e influenciada por el tiempo que
permanecen junto a nosotros otras personas importantes para nosotros que nos
otorgan cierto apoyo.
Es aconsejable expresar sentimientos de aceptación de
la muerte. Puede que tratemos de expresar gratitud hacia las figuras
profesionales con las que tuvimos contacto y que facilitaron cuidados a la
persona muerta.
Es una etapa variable que oscila entre estados de animo
tranquilo y llanto. Lo normal es que pasado los 8 días aparezca una mayor
tristeza y un sentimiento de desanimo que va influir en nuestro
comportamiento.
Resentimiento.
Cuando quedamos solos, cuando
realmente nos enfrentamos a la no existencia más de esa persona a nuestro lado
entramos en la fase de resentimiento que puede durar de 3 a 4 meses. Persiste en
nosotros la sensación de soledad, inseguridad, falta de autoestima y
culpabilidad, tanto hacia nosotros mismos, como puede ser hacia los
profesionales. Podemos caer en un estado depresivo por varios meses.
Es
importante que podamos reconocer y comprender nuestra irritabilidad y los
sentimientos que experimentamos son algo esperable y normal.
Recuerdo.
Desde los tres meses a los 12 o 15 del fallecimiento rememoramos constantemente nuestra vida pasada con esa persona que ya no está, tratando de retener las experiencias positivas. Podemos soñar con esa persona y llegar a sufrir alucinaciones ya sean visuales o auditivas.
Reparación.
Desde los 6 a los 12 meses entramos en
una fase que es normal que vayamos aceptando la pérdida y empezando a hacer un
esfuerzo por reiniciar nuestra vida, tratando de cultivar nuevos intereses,
actividades... con posibilidad de ampliar nuestra red social y tratando de
pensar más lógica y racionalmente.
El proceso de duelo no es igual en todas las
personas, por lo cual se puede afirmar que los tiempos mencionados antes son
orientativos.
Idealmente el apoyo a la persona afectada debe darse antes y
después del duelo, existen casos como la Enfermedad de Alzheimer o procesos
oncológicos en lo cual esto se hace más necesario pues aunque la persona
continua con nosotros la sentimos como no presente.
En la elaboración del
duelo normal se producen numerosas alteraciones en nuestros sentimientos y
cambios en la percepción de cosas o de nuestro comportamiento.
Es frecuente que experimentemos síntomas somáticos
como pérdida de apetito, adelgazamiento, insomnio o trastornos del sueño...
Podemos llegar a experimentar alucinaciones auditivo visuales con la persona
fallecida o podemos llegar a somatizar síntomas que tenía esa persona como algo
normal a dicho proceso.
Expresar abiertamente la pena que sentimos es natural
y deseable y supone una buena salida psicológica y fisiológica para las
emociones que podemos llegar a haber retenido.
Debemos tener en cuenta que
en el proceso de envejecimiento nuestras reacciones del duelo serán más
sostenidas y durarán mayor tiempo por las dificultades que tenemos para
ajustarnos a los cambios, tememos el sufrimiento, la soledad y el miedo al
futuro.
Si después del año continuamos deprimidos, nos aislamos socialmente y
utilizamos medicamentos psicoactivos deberemos consultar a un profesional de la
psicología que nos ayude a superar adaptativamente dicho proceso de duelo.
Bajo mi punto de vista no es verdad que todas las personas cuando envejecen están deprimidas o sufren de trastornos afectivos. Si es normal que en algunas personas en esta etapa de la vida exista un cierto sentimiento de tristeza pero no se puede establecer como norma genérica a toda la población de adultos mayores. En mi opinión esto sucede por un aumento de las pérdidas a las que debe enfrentarse unido a la falta de un proyecto de vida.
Es normal que cuando llegamos a viejos nos tengamos que enfrentar a situaciones que nos generan cierta ansiedad o angustia, fruto del aumento de nuestros miedos y de no saber como manejarlos y actuar. Por eso es importante poder anticipar situaciones y aprender como manejarnos en ellas adaptativamente, de forma que no disparemos nuestros miedos y mantengamos una actitud abierta ante los cambios a los que vamos a enfrentarnos en el proceso de envejecimiento.
4.2.- Cambios en la personalidad.
A la hora de abordar la personalidad existen tres aproximaciones alternativas y complementarias que estudian el desarrollo personal: el enfoque de rasgos, el de estadios y el de los eventos.
Enfoque de rasgos.
Los rasgos son manifestaciones o características de
la personalidad que se miden mediante escalas y cuestionarios. Desde este
enfoque se sostiene que independientemente de la edad, las personas poseen
características fijas que explican su comportamiento.
Las investigaciones
realizadas hasta la fecha se han basado por un lado en estructura de varios
rasgos multirasgo y por otro lado en rasgos concretos como predictores del
comportamiento.
Dentro de estas últimas investigaciones hay que citar las
referentes al lugar de control y la autoestima.
El lugar de control está
relacionado con la sensación de control personal y autocontrol de las acciones y
consecuencias que derivan de esas acciones humanas. Los niveles de lugar de
control interno disminuyen al aumentar la edad, puesto que con la edad son más
numerosos los acontecimientos negativos que viven las personas y no pueden
evitar. Es probable que al disminuir el control interno se incremente el control
de lugar externo pero este punto no está confirmado totalmente.
La autoestima refleja la valoración del propio yo.
Baltes y baltes (1990) encuentran niveles superiores a los esperados en personas mayores. Coleman (1992) sostiene que la autoestima se mantiene estable a lo largo de la vida.
La autoestima se encuentra asociada con la salud, las actitudes hacia el envejecimiento y la satisfacción con la vida pasada. Tener una buena autoestima, cuando envejecemos, es un buen índice de que la adaptación a circunstancias difíciles, como por ejemplo el afrontamiento de la viudez o la perdida de independencia, la realizaremos favorablemente. Niveles bajos de autoestima serían señales de la posibilidad de la aparición de sucesos depresivos.
A través de los diversos estudios longitudinales que se han realizado en este enfoque se concluye que la personalidad en la vejez es estable aunque la perspectiva interaccionista dentro de dicho enfoque plantee excepciones. Por ejemplo desde la perspectiva interaccionista en los primeros estudios se encontró que con la edad incrementa la intraversión y por lo tanto disminuye la extraversión (Jung 1931). En la misma línea son las conclusiones del estudio de Berkeley.
Schaie y Willis (1991), también desde esta misma perspectiva, enfatizarían en el papel que tienen los efectos generacionales, que pueden deberse a procesos tempranos de socialización en el desarrollo de la personalidad. Sostienen que cada persona está influenciada por el momento de la historia que le ha tocado vivir.
Enfoque de estadios.
Las teorías basadas en los estadios tienen su origen en las corrientes fenomenológicas de la personalidad.
El impacto que cualquier acontecimiento tiene sobre la persona no sólo depende de sus elementos objetivos (intensidad de las características estresantes), sino también de cómo el individuo lo interpreta y le atribuye significado.
La forma en que una persona negocia las experiencias
y acontecimientos de su vida depende básicamente del contenido, organización y
funcionamiento de su autoconcepto.
El autoconcepto es una organización que
integra e interpreta la experiencia a lo largo del tiempo y le da continuidad y
significado, regula el afecto y motiva a la persona. Para Mc Crae y Costa (1988)
el autoconcepto y el significado del yo están asociadas a rasgos de personalidad
como el lugar de control.
Depende de la teoría que se tome el concepto de estadio varia, sin embargo se puede decir que hay dos posiciones extremas:
Estadio considerado como una forma de clasificar y describir a los individuos y por lo tanto, identifican intervalos de la vida de una persona.
Estadio como la organización lógica de la personalidad, representando niveles de organización de la personalidad del ser humano.
Desde este enfoque, para comprender a las personas en la última parte de su vida y siguiendo el concepto de integridad de Erikson (1982) hay que considerarlas en el contexto de su historia personal, con los conflictos y crisis que se dieron en las etapas anteriores de su vida y los esfuerzos que realizaron por resolverlos. Las experiencias individuales únicas de cada persona marcan el que exista una mayor variabilidad interindividual en la vejez y que no tengan tanto impacto los cambios madurativos.
Desde las teorías psicoanalíticas y las teorías del
yo se han identificado varios estadios en la vejez. A través de técnicas
proyectivas y entrevistas semiestructuradas se han hallado cambios en la
personalidad que se identifican como estadios sucesivos e independientes.
Carl G. Jung (1931) sostiene que durante la vejez hay un incremento de la
introversión y una reorganización del sistema de valores propios.
Sin embargo podemos decir que las cuatro teorías basadas en el enfoque de los estadios (los estadios del desarrollo del yo de Erikson, 1950; las etapas de Daniel Levinson, 1986; el modelo de Loevinger, 1976; las tareas evolutivas de Havighurst, 1981) se centran en la edad adulta y ninguna aborda el periodo posterior a los 60 años. Si Mencionan el periodo de transición a la edad adulta tardìa, periodo comprendido entre los 60 y 65 años, en el cual la persona a través de la revisión de vida la persona inspecciona su pasada y separa los aspectos buenos de los malos pero no exploran a fondo dicha etapa de la vida.
Enfoque de eventos, sucesos vitales y estrés.
Los sucesos vitales que afectan a las personas en el
envejecimiento, son factores de cambio en la personalidad.
Desde la
perspectiva situacional se establece que los eventos biológicos, cognitivos y
sociales y los antecedentes inmediatos tienen importancia en la forma de ser y
de comportarse el ser humano.
Reig (1992) establece lo siguiente: “ Tanto
las enfermedades biológicas que afectan a la salud como los acontecimientos
sociales tienen un impacto muy importante en el individuo. Impacto que se une a
las transformaciones que la persona experimenta en el ambiente físico. Los
cambios sensoriales, motores y cognitivos en general, hacen que el mismo
ambiente físico en el que venía desenvolviéndose comience a ser diferente. El
individuo empieza a percibir el mismo ambiente como diferente. Estos
acontecimientos externos al propio sujeto determinan una nueva forma de
comportarse que percibimos como característica de los viejos”.
En la
reorganización que hace el individuo cuando se enfrenta a los múltiples cambios
del envejecimiento interviene su personalidad previa, es decir, la forma previa
de comportarse y ser.
De cómo interrelacionan los efectos de los nuevos
cambios y la personalidad previa surge la adaptación que cada persona realiza
respecto a su nueva etapa: la vejez.
No es un proceso puntual sino que lleva tiempo. A través del tiempo se va a ir adaptando a esos cambios y en ese proceso se va dar según Vega Vega J.L. (1989) una continuidad o un cambio en su forma de ser, en su personalidad.
Durante la vejez el desarrollo individual se regula externamente al propio individuo en función del ambiente físico, cultural y social que le rodea.
Muchos de los acontecimientos a los que se enfrenta la persona en la vejez además de poder transformar su personalidad pueden generar estrés en la persona que los vive, el cual puede repercutir en una enfermedad física o mental.
No olvidemos que la forma en que la persona afronta un acontecimiento depende de los siguientes seis factores:
Anticipación del acontecimiento, es decir, si la persona se encuentra preparada para recibir el suceso.
Comprensión del acontecimiento y la interpretación subjetiva que realiza del mismo.
La salud física y los recursos físicos con los que cuenta para afrontar el estrés.
Los factores de personalidad y la capacidad de adaptación del individuo a nuevas situaciones.
La historia previa de afrontamiento de acontecimientos aleatorios.
Apoyo social y emocional que puede recibir la persona.
Algunos de estos factores como la salud física o el apoyo social pueden sufrir una disminución, y por lo tanto, afectan a nuestra capacidad de afrontar acontecimientos.
Las personas mayores cuentan con estrategias adicionales para afrontar la ansiedad y la depresión que pueden generar determinados acontecimientos vitales. Koening (1993) señala que muchas personas no necesitan más apoyo que la religión para afrontar la soledad, la ansiedad, la tensión, la desesperación o la depresión. En este sentido podríamos explicar la tranquilidad que nuestros mayores encuentran en la religión.
Sin embargo desde los diversos enfoques de la personalidad no encontramos una teoría que trate de explicar como podemos lograr un envejecimiento satisfactorio, para ello deberemos acudir a las teorías clásicas del envejecimiento ( Teoría de la desvinculación de Cumming y Henry, 1961; Teoría de roles; Teoría de la actividad de Havighurst, 1963,1968; Teoría de la continuidad de Atchley, 1989; ...).
Bajo mi punto de vista en el envejecimiento si se producen cambios en nuestra personalidad, ya sea para reafirmar rasgos establecidos en otras etapas de nuestra vida anteriores a la vejez, ya sea para atemperarlos. Dichos cambios están influenciados por el deterioro físico y la dependencia real o subjetiva que los cambios en los diversos ámbitos pueden generar en nosotros mismos.
Pueden acompañarse con pérdida de la autoestima y de aislamiento lo cual repercute en nuestra red de apoyo social y en nuestras oportunidades de participación en actividades.
4.3.- Cambios en el funcionamiento cognitivo.
Antes de abordar los cambios normales que ocurren con respecto al funcionamiento cognitivo debemos conocer como procesamos la información, para lo cual es preciso que distingamos entre sensación, percepción y ejecución.
Llamo sensación a la recepción de la estimulación física que recibimos y la traducción que realizamos de la misma en impulsos nerviosos.
Percepción es la interpretación que efectuamos de esa
estimulación sensorial que hemos recibido.
Ejecución psicomotora se refiere a
la realización de acciones, tareas... del ser humano y exige de una actividad
muscular coordinada.
En nuestro interactuar diario sensación y percepción
mantienen una estrecha interrelación mutua y afectan a nuestra ejecución
psicomotora.
¿Por qué es importante conocer los cambios que se dan en la sensación, percepción y ejecución psicomotora?
Fundamentalmente por las siguientes razones:
Nuestra capacidad para tratar e interactuar adecuadamente con nuestro entorno depende, en gran medida, de nuestro ambiente y habilidad para detectar, interpretar y responder de forma apropiada a la información que llega a nuestros sentidos.
La forma en que percibimos se relaciona con diversos comportamientos nuestros (somos más precavidos en la tarea que realizamos y más lentos,...)
Para evitar caer en mitos y prejuicios anclados en la sociedad.
Haciendo un símil con el funcionamiento de una computadora se detectan varias fases en el almacenamiento de la información:
Entrada de la información:
Los estímulos ambientales (imágenes, sonidos, sabores, etc...) entran al almacén sensorial. Es la etapa receptiva. Se recibe y registra la información y la experiencia sensorial. Procesamos la información a través de la sensación y así podemos ver, oír, saborear, ser sensibles al tacto... La información registrada aparecerá alterada o distorsionada si los receptores sensoriales están limitados en su capacidad de funcionamiento o si están presentes indicios que nos señalan procesos patológicos. Es importante suplir adecuadamente deficiencias consecuencia de los cambios para permitir que la información filtrada sea lo más fidedigna posible y ajustada a la realidad.
Codificación y análisis perceptivo.
Se codifica,
interpreta y analiza la información proveniente de la etapa anterior. Se llama a
este proceso percepción y en él operan múltiples factores como el estilo
cognitivo y el tiempo de reacción perceptivo-motor.
Decisión y selección de la respuesta.
En función
de la información que se recibe de la etapa anterior el ser humano elige la
respuesta o acción apropiada, entrando en juego por ejemplo factores como la
memoria, la inteligencia y la personalidad.
Ejecución de la respuesta.
A través del
comportamiento del ser humano se emite la respuesta elegida en la cual influye
toda la información de etapas anteriores y factores ambientales como
experiencias previas... En dicho comportamiento está reflejada la información
del ambiente, como la hemos elaborado y transformado mentalmente.
Debemos tener en cuenta que en el envejecimiento ocurren cambios normales y patológicos, mencionaremos solo los normales y esperables.
En general se podría afirmar que el proceso de
envejecimiento va unido a cambios lentos y continuos que se manifiestan en
diferentes áreas del funcionamiento cognitivo de manera selectiva.
Los más
estudiados por el interés despertado desde siempre son los referentes a la
memoria y las funciones sensoriomotoras.
Las funciones visopercepctivas, visoespaciales y visoconstructivas del hemisferio derecho de nuestro cerebro son las más vulnerables aparentemente a los efectos del envejecimiento, mientras que las funciones lingüísticas del hemisferio izquierdo se hallan mejor conservadas.
Seguidamente abordaré los cambios que se producen en la sensación, percepción y ejecución psicomotora en el envejecimiento.
4.3.1.- Cambios en la sensación.
La sensibilidad cambia en este proceso. Dada la variedad de receptores sensoriales que poseemos vamos a ver sentido por sentido.
4.3.1.1.- VISION.
Una pérdida de visión puede disminuir seriamente
nuestra independencia, la cual puede estar producida por los cambios normales
y/o los patológicos o enfermedades.
Los problemas se vuelven más frecuentes a
partir de los 60 años y tienen una mayor incidencia en los mayores de 80
años.
Cornea: cubre y protege el iris y la pupila. Se hace
más espesa y menos sensible a la estimulación mecánica y suele perder su
brillo.
Iris:: Pierde pigmentación y por lo tanto, disminuye el color de los
ojos.
Pupila: Se hace más pequeña (cambio que ha ido progresando desde la
juventud) Se llama miosis senil. Responde más lentamente y por lo tanto nos
cuesta adaptarnos a los cambios repentinos de iluminación. Se producen cambios
en la latencia de reflejo pupilar. (P.ej. cuando salimos o entramos en un cine
nos cuesta más habituarnos a la nueva situación).
Humor vítreo: Se vuelve más
opaco, p.ej. a los 70 años la cantidad de luz que llega a los receptores del
fondo de ojo se puede reducir en dos tercios y por lo tanto, necesitaremos mayor
cantidad de luz para ver tan claramente como cuando eramos
jóvenes.
Cristalino: Las células han ido creciendo a lo largo de la vida pero
no se han perdido, por lo cual, la lente se ha ido espesando y disminuye la
cantidad de luz que llega a la retina.
A partir de los 35 años amarillea y
por lo tanto, disminuye la capacidad de distinguir los colores del rango verde,
azul y violeta. Se distinguen mejor los amarillos, naranjas y rojos.
El ojo
también es más sensible al reflejo, es decir la luz relativamente brillante que
produce desagrado o incomodidad y/o que interfiere con la visión
óptima.
Pierde flexibilidad y por lo tanto, le resulta difícil cambiar de
forma para enfocar correctamente en distancias cortas. Alrededor de los 40 años
al ojo le cuesta ver a distancias cortas, aspecto que va empeorando con la edad
(Presbiopia que se desarrolla unos 3-5 años antes por las mujeres) Su corrección
implica el uso de gafas.
Retina : El nervio óptico tiende a tener los
márgenes menos claros y puede aparecer más pálido porque disminuyen los
capilares. Igualmente se dan cambios en la mácula, pero salvo que exista una
distorsión en los objetos que se ven o una disminución de la agudeza visual,
estos últimos cambios no son importantes.
Otros cambios:
Agudeza visual, sería la claridad
de visión o capacidad del ojo para resolver los detalles.
La agudeza visual
está en función de los objetos estáticos que disminuyen y de los objetos en
movimiento que disminuyen aún más. Dicha capacidad se estabiliza a los 40 años y
decae a partir de los 50 años.
Campo de visión es el espacio físico visible por el ojo en una posición dada. Disminuye aceleradamente a partir de los 50 años, llegando en los 70 años a ser de 140º (como referencia mencionar que en los jóvenes es de 170 grados).
Como consecuencia, disminuye sustancialmente nuestra capacidad para ver la información en las zonas periféricas del campo visual. Así en el envejecimiento nos solemos sorprender cuando se nos aproximan por detrás o por un lateral, no vemos a las personas hasta que las tenemos muy cerca.
Implicaciones para la vida diaria.
Puede ser causa
de abandono de actividades de ocio (jardinería, cocinar, coser, ocuparse del
mantenimiento del coche, escribir..)
Cambios abruptos en el nivel de luz
pueden causar caídas y otros accidentes, los más frecuentes se dan en los baños,
al lado de la cama y los lugares de paso como pasillos,...
Relacionado con el
reflejo y el destello, los suelos pueden convertirse en una amenaza para
nosotros, p.ej. en los hospitales, supermercados...
Discriminamos mal los
colores.
Necesitamos a los 65 años el doble de luz para leer que cuando
teníamos 20 años, podemos experimentar dificultades para leer, ver la tv., mirar
instrucciones de medicamentos...
Los cambios en la visión pueden interferir
en la comunicación e interacción social, sobre todo en los sordos porque cuando
envejecen las señales visuales les aportan el 50 % de los elementos que
necesitan para entender un discurso.
Podemos experimentar inseguridad y
evitación de lugares habituales.
Es recomendable hacernos revisiones
oftalmológicas periódicas y usar gafas o lentes si las precisamos.
Debemos
tener cuidado en como nos acercamos a otras personas mayores, por lo que
mencionamos del campo visual, acercándonos lateralmente a ellas.
En cuanto al ambiente:
Procuraremos conseguir
iluminación adecuada.
Evitaremos el reflejo, es decir, tendremos cuidado con
ventanas, suelos encerados, espejos..., utilizar bombillas amarillas en vez de
azules y en el exterior o en el coche, usaremos gafas de sol y
viseras...
Colocaremos luces estratégicamente en nuestra vivienda y dejaremos
algunas encendidas de modo que los cambios en iluminación que experimentemos
sean graduables.
Nos acercaremos a las cosas y a las personas con una
estrategia para verlos mejor. Utilizaremos contrastes para diferenciar objetos,
zonas...
Si conversamos con gente con problemas de visión utilizaremos el
tacto para compensar la dificultad de comunicación en este sentido.
4.3.1.2.- AUDICIÓN.
Oído externo.
Cambios de tamaño, forma y
flexibilidad del pabellón auditivo externo que no se sabe si afectan a la
audición. Cambios en el conducto auditivo externo relacionados con un aumento de
acumulación de cera y pérdida de agudeza auditiva.
Oído medio.
Calcificación de la parte clásica de
la trompa de Eustaquio y menor elasticidad del tímpano. Acumulación de fluido
debido a los resfriados y dificultades en la audición. La cadena de huesecillos
muestra cambios artríticos en las articulaciones, pero no se ha demostrado su
relación con una disminución de la audición.
Oído interno.
Disminuyen la audición alteraciones
del metabolismo y pérdida de células capilares. Se empiezan a perder sonidos de
alta frecuencia como por ejemplo el canto de los pájaros, el tic-tac del
reloj... un tercio de nuestra conversación son sonidos de frecuencia alta
(consonante p, s, z, f...) y por lo tanto oiremos distorsionado el discurso de
los demás.
Enlentecimiento del cerebro y de las áreas de asociación y almacenamiento auditivo en el cerebro.
Zumbido.
Es un persistente pitido o retumbe en los
oídos. Es más molesto por la noche y en ambientes silenciosos. La frecuencia de
aparición entre los 65 a 74 años es del 11%.
La relación entre Audición –Comunicación es muy estrecha. Por ejemplo: si una persona oye mal, los demás, tienen que hablar más alto para hacerse oír y entender por ella. El tener que elevar el volumen de la voz puede resultar incómodo a las personas, sobre todo en situaciones con normas implícitas de buena educación. Al mismo tiempo genera dificultades a las personas con problemas auditivos para seguir las conversaciones de otros, puede originar en ellos desconfianza y conducir a un mayor aislamiento al disminuir las oportunidades de comunicación e interacción social.
Como regla se puede establecer que cuanto más tarde aparecen los desordenes auditivos y cuanto más severa es la disfunción que sufrimos, mayores son los problemas de adaptación a nuestro ambiente. La consecuencia de esto es una bajada en el autoconcepto y autoestima junto a la aparición de sentimientos paranoides (¿estarán hablando de mí?..)
Estrategias facilitadoras para disminuir los cambios en la audición implican:
Hablar con una intensidad ligeramente superior a lo normal.
Hablar con una velocidad normal, no demasiado deprisa.
Hablar a poca distancia de nuestro interlocutor (entre metro y medio y dos metros).
Si hablamos con alguien con problemas auditivos deberemos estar a una distancia que nos vea, no mientras está en otra habitación o mientras ve la tv. o lee sin mirarnos.
No forzar a la persona a que escuche
cuando exista un gran ruido ambiental.
No hablar directamente al oído de la
persona. El oyente se pierde todo el lenguaje no verbal y puede no entender lo
que le dicen porque aumenta la intensidad del lenguaje.
Si la otra persona no
comprende lo que se le dice, decir lo mismo con otras palabras en vez de
simplemente repetir las palabras no comprendidas.
4.3.1.3.- OLFATO Y GUSTO.
El sabor final de una comida es una combinación de olor y de sabor, por ejemplo, cuando el olfato está afectado por un resfriado no se suele encontrar sabor a la comida y depende de cómo procesemos esa información, actuaremos de una forma u otra. Así pues, las consecuencias de los cambios en estos sentidos afectan, además, a aspectos nutricionales que debemos tener en cuenta en nuestra dieta.
Olfato
Las células receptoras olfativas tienen una
vida corta, de 5 a 8 semanas, luego mueren y son reemplazadas por otras.
Al
envejecer perdemos más células receptoras de las que se reemplazan.
Los tipos
de pérdidas olfativas que podemos experimentar son:
Carencia del sentido del
olfato = ANOSMIA.
Sensibilidad olfativa reducida = HIPOSMIA.
Distorsión
del olfato = DISOSMIA.
Afectan al olfato las infecciones víricas, las
bacterianas... Dañan tejidos nasales de forma que llega menos aire y por lo
tanto, se reduce la cantidad de estímulos que entran en contacto con los
receptores olfativas.
Se reduce también la sensibilidad a los olores
concentrados, se suele necesitar una aumento mayor de la concentración de la
sustancia para notar que el olor ha aumentado en intensidad.
Gusto
Los receptores del sabor también se
reemplazan continuamente, comenzando a atrofiarse hacia la mitad de la década de
los 40 años.
Cuando envejecemos:
Perdemos la elasticidad en la boca y en
los labios.
Disminuye la cantidad de saliva y aumentan las fisuras en la
lengua.
Sin embargo, estos cambios no afectan a la
sensibilidad al sabor hasta bien tarde. Cuando hablamos de sabores debemos tener
en cuenta que existen cuatro sabores básicos:
Dulce (en la punta delantera de
la lengua).
Salado (en los laterales y punta de la lengua).
Ácido (en los
laterales y partes laterales traseras de la lengua).
Amargo (en la parte
trasera entera de la lengua).
Los umbrales para lo salado, lo ácido y lo amargo aumentan con la edad y por lo tanto se necesita mayor concentración para detectarlo, pero el umbral para lo dulce permanece inalterable.
Implicaciones para la nutrición.
Disfrutamos de la
comida en base a combinar estos aspectos: olor, sabor, color, temperatura,
textura... con la edad disminuye la capacidad para detectar comidas mezcladas.
Estaría relacionado con la menor sensibilidad al olor y con la
memoria.
La menor sensibilidad a los olores puede ser la causa
por la que disfrutemos menos con la comida. Deberemos masticar cuidadosamente,
moviendo la comida por la boca para aumentar la intensidad de los
sabores.
Cualquiera que sea la pérdida de apetito que desarrollemos no
debemos acusarla primariamente a una pérdida de receptores olfativos ni
gustativos.
4.3.1.4.- TACTO Y OTROS SENTIDOS SOMESTESICOS.
Tacto.
Disminuyen los siguientes aspectos cuando
envejecemos:
Sensibilidad para el tacto.
Se debe a una disminución de la
cantidad de receptores y de su sensibilidad individual (más acusada hacia los 60
– 70 años porque la piel es más delgada).
No cambia en las zonas del cuerpo
cubiertas de pelo, si en las palmas y en los dedos de las manos y pies.
Sensibilidad a la vibración.
Los umbrales dependen
mucho de la parte del cuerpo que se estimule (mayor es la pérdida en los pies
que en las manos).
Sensibilidad a la temperatura.
Para sobrevivir es
necesario mantener o regular la temperatura corporal interna en una banda muy
estrecha, entorno a los 37º centígrados. A medida que envejecemos tenemos la
temperatura corporal más baja.
Las pérdidas relacionadas con la sensibilidad
al tacto y a la vibración pueden estar relacionadas con cambios en la
temperatura corporal.
Cenestesia.
Habría que matizar
entre:
Movimiento activo. Es el movimiento real de partes del cuerpo o de
todo el cuerpo, por ejemplo el caminar. La tensión que se produce en los
músculos o tendones cuando interactuamos con diferentes pesos permanece no
afectada en el envejecimiento.
Movimiento pasivo es el que realizamos cuando
permanecemos quietos ero vamos dentro de un vehículo o aparato en movimiento por
ejemplo en un tren. Se encuentra que cuando envejecemos, la sensación del
movimiento queda más afectada en rodillas y caderas.
La menor sensibilidad de los receptores cenestésicos se piensa que puede ser uno de los factores que contribuye a nuestra mayor susceptibilidad a las caídas y sus complicaciones.
4.3.1.5.- DOLOR.
El sentido del dolor es imprescindible para la
supervivencia humana porque mantiene la homeostasis de muchas funciones vitales.
La percepción del dolor puede ser influida por múltiples factores como: la
motivación, las emociones, las creencias, la experiencia previa, la atención
prestada al estímulo doloroso, la personalidad, el status socioeconómico, la
procedencia étnica, las diferencias en el tipo de estímulo doloroso, las
situaciones...
No se ha podido demostrar con certeza si la sensibilidad al dolor aumenta o disminuye cuando envejecemos.
4.3.1.6.- EQUILIBRIO.
El sistema vestibular proporciona información sobre la posición de la cabeza, lo que permite detectar la cantidad y dirección del movimiento corporal cuando envejecemos. Se produce una experiencia de vértigo y de pérdida de la capacidad para mantener el equilibrio mientras se camina o estando de pie que puede deberse a una pérdida de células sensoriales en las estructuras vestibulares.
Al faltarnos el equilibrio más fácilmente o sufrir de vértigos pueden darse con mayor frecuencia caídas cuando somos viejos. Ante esto debemos utilizar en nuestros desplazamientos ayudas técnicas como bastones o pasamanos en los corredores o pasillos por ejemplo.
4.3.2.- Cambios en la percepción.
Los procesos perceptivos, referidos a la percepción auditiva y visual se enlentecen en el envejecimiento.
4.3.2.1.- PERCEPCIÓN VISUAL.
Velocidad de procesamiento.
Procesamos la
información más lentamente de lo que lo hacíamos en nuestra juventud (tanto en
el ritmo como en la latencia con la que se inician el procesamiento).
Comportamiento de búsqueda visual.
Cada vez somos
menos capaces de ignorar la información irrelevante o redundante. En aquellas
tareas que realizamos a diario y casi automáticamente no se nota, pero si en
aquellas que son nuevas para nosotros o que requieren más tiempo para
controlarlas.
Percepción de profundidad.
La profundidad la
notamos a través de la superposición de dos imágenes: una en la que intervienen
señales que se captan independientemente por ambos ojos, y otra en la que
necesitamos de la imagen que nos envían los dos ojos a la vez.
Empieza a deteriorarse entre los 40 y 50
años.
Algunos investigadores piensan que esta influida por la menor cantidad
de luz que llega a la retina, y otros piensan que es por el deterioro de las
células del córtex visual.
Organización perceptiva.
Aparecen dificultades a
la hora de conseguir percepciones organizadas de los estímulos ambiguos,
incompletos, poco estructurados, irregulares o no familiares.
Flexibilidad perceptiva.
Vamos siendo menos
flexibles en reorganizar o cambiar una percepción una vez que la hemos
realizado.
Ilusiones geométricas.
Ante ilusiones geométricas
(por ejemplo la de las dos flechas en la que una flecha tiene las puntas hacia
fuera y la otra hacia dentro y tenemos que tratar de averiguar cual es más
larga) en la vejez somos más susceptibles a verlas diferentes aún siendo
iguales.
Dependencia de campo.
Implica que hacemos juicios
muy influidos por el entorno circundante. La independencia de campo, que
disminuye en el envejecimiento, implicaría lo contrario
4.3.2.2.- PERCEPCIÓN AUDITIVA.
Pérdida de sensibilidad absoluta a los tonos
puros.
Es mayor en las mujeres que en los hombres. Sin embargo, a medida que
envejecemos somos más precavidos al dar una respuesta, no estamos familiarizados
con la pregunta... En una conversación por ejemplo hay bastantes diferencias
entre la percepción de una consonante y de una vocal y en la intensidad de las
mismas no se han demostrado claras diferencias para la edad.
Enmascaramiento auditivo.
Supone que un sonido
puede ser oscurecido o hacerse inaudible por otros sonidos.
Cuando escuchamos
a alguien no suele ser generalmente bajo condiciones ideales de escucha y por lo
tanto, la incapacidad para descodificar sonidos cuando hay ecos, gran velocidad
o interrupciones progresivas aumenta. En el envejecimiento los principales
déficits auditivos se deben a que percibimos bajo condiciones de
enmascaramiento.
4.3.3.- Cambios en la ejecución psicomotora.
Se da un enlentecimiento en dicha ejecución, pero no se puede unir a un déficit específico, pues son muchos los mecanismos que están implicados.
Tiempo de movimiento.
Es el intervalo de tiempo
que transcurre entre el inicio y la terminación del movimiento y aumenta a
medida que envejecemos.
Aparecen discapacidades para subir escaleras, correr, a partir de los 55 años pueden afectar también a actividades como alcanzar objetos, agarrarlos, poderse estirar, agacharse para recogerlos...
Fuerza muscular.
Es la máxima fuerza o tensión
generadas por un músculo cuando realiza su contracción máxima y disminuye con la
edad. por un deterioro de la masa muscular provocado por una disminución en el
tamaño y en el número de fibras musculares. Las disminuciones están relacionadas
también con el tipo de actividad que realizamos y el número de músculos que
participan.
Si la persona se mantiene activa los cambios son más pequeños y
se puede decir que a un nivel preventivo un aumento de la actividad física con
suficiente intensidad, duración y frecuencia debilita el proceso de
discapacidad
Como implicaciones para nuestra vida diaria debemos tener en cuenta que mantenernos en buena forma física puede ayudar a prevenir discapacidades y mantener nuestra fuerza y tono muscular.
En la ejecución psicomotora están implicados también aspectos como la atención, el aprendizaje, la memoria, el lenguaje y la inteligencia que abordaré a continuación.
4.3.3.1.- Inteligencia.
Existen diferentes puntos de vista entre
investigadores dependiendo del material evaluativo utilizado para medir dicha
función, pero en líneas generales hay que precisar que los resultados que se
obtienen están en función de la familiaridad, del grado de dificultad, del
esfuerzo y la velocidad del material evaluativo.
Sobre la base del WAIS
Albert y Heaton (1986) pudieron establecer que durante el envejecimento existe
una mayor dificultad en las pruebas manipulativas que en las verbales,
posiblemente facilitadas estas últimas por el aprendizaje y las habilidades
verbales adquiridas y consolidadas a lo largo de las diferentes etapas
evolutivas del ser humano.
Botwinick (1977) sostenía que las tareas verbales del WAIS se relacionaban con la utilización de la información almacenada en la memoria y refrescada por el vivir diario, de ahí que las personas mayores obtuvieran un mayor éxito en este tipo de pruebas y las manipulativas le suponían enfrentarse a materiales novedosos, no familiares y a menudo complejos para ellos.
Horn (1982) sostiene que la inteligencia cristalizada (la que es producto del aprendizaje) se mantenía en el envejecimiento, mientras que se deterioraba la inteligencia fluida.
Bajo mi punto de vista la inteligencia es una función psíquica multifactorial en la que existen factores que mejoran con la edad y por lo tanto en el envejecimiento como la inteligencia cristalizada, es decir, la comprensión verbal y el razonamiento aritmético y otros factores como la inteligencia fluida es decir, la capacidad perceptual, razonamiento inductivo y simbolización que disminuyen con la edad. Además entran en juego las diferencias individuales derivadas de las trayectorias profesionales, sociales, familiares... que generan diferentes experiencias de vida e inciden en distintas habilidades. Igualmente influyen los factores genéticos y los ambientales.
El tener todo esto en cuenta nos lleva a trabajar más unos aspectos que otros para ralentizar el proceso de perdida de estas capacidades y habilidades.
4.3.3.2.- Lenguaje.
La creencia de que las habilidades verbales se
preservaban en el envejecimiento motivo que dicha área del funcionamiento
cognitivo no suscitará durante mucho tiempo el interés de los
investigadores.
Conviene precisar a la hora de hablar sobre el lenguaje, que
entendemos por fonología, léxico, semántica y sintaxis.
Fonología se refiere a la capacidad de utilizar y combinar los diferentes sonidos del lenguaje. Durante el envejecimiento esa capacidad queda preservada.
Cuando representamos un objeto dándole un nombre convencional estamos utilizando la capacidad del léxico, la cual la adquirimos a través de la lengua. Salvo la velocidad de respuesta no existen diferencias cualitativas en dicha capacidad durante el envejecimiento.
La representación semántica de una palabra se refiere
al mismo significado de esa palabra. Cuando envejecemos aparecen dificultades en
lo referente a los aspectos como la evocación de palabras y la fluidez
verbal.
La sintaxis se refiere a la capacidad de combinar palabras para que
adquieran un significado. No aparecen efectos en función de una mayor edad, las
estructuras complicadas lo son tanto para los jóvenes como para los
mayores.
Se podría decir pues que los cambios que ocurren en
el lenguaje durante el proceso de envejecimiento se reducen a la dificultad en
la denominación o evocación de palabras y en una reducción de la fluidez verbal,
y aspectos como el vocabulario o la expresión verbal mejoran en este proceso por
las experiencias acumuladas.
La preservación del lenguaje nos está dando
pautas de que el proceso de envejecimiento es normal, se adecua a lo
esperado
4.3.3.3.- Memoria.
Son múltiples las quejas subjetivas que refieren los
adultos mayores con respecto al funcionamiento de su memoria, de ahí que esta
área del funcionamiento cognitivo haya sido la más estudiada.
De hecho
procesos degenerativos como la demencia senil se manifiestan con alteraciones de
memoria en sus inicios, pero hay que precisar que algunos aspectos de la memoria
se deterioran con el paso de los años, pero no todos por igual ni en todas las
personas.
La memoria es un proceso cognitivo que permite al individuo almacenar experiencias y percepciones que luego puede recordar en situaciones posteriores.
Comprende tres niveles o estadios que interactúan entre sí:
Memoria sensorial.
Representa la primera fase en
el procesamiento de la información que realizamos dependiendo de modalidades
sensoriales. En dicha memoria la información no permanece mucho tiempo, tan solo
unos segundos, pero si es procesada adecuadamente la información pasa a la
siguiente memoria.
En ella influyen los cambios sensoriales y perceptivos
mencionados anteriormente, pero no tiene propiamente cambios importantes que
generen limitaciones en nuestro comportamiento cuando envejecemos aparte de que
precisamos mayor tiempo para extraer la información o fijarla.
Memoria a corto plazo.
También llamada memoria
primaria o memoria inmediata. La información es retenida tan solo durante
algunos minutos a no ser que sea reactivada por nosotros.
A medida que
envejecemos experimentamos dificultades para retener listas de dígitos en orden
inverso especialmente. La latencia de respuesta, es decir, la rapidez con la que
damos una respuesta a una tarea es también mayor precisando más tiempo para
procesar la información y dándose en general un enlentecimiento en el proceso
cognitivo de la información.
En nuestro rendimiento influye tanto el tipo de
material presentado como la metodología que utilicemos a la hora de retener y
aprender.
Memoria a largo plazo o memoria remota.
Puede
almacenarse en ella una cantidad indeterminada de información durante largos
periodos de tiempo.
La información la olvidamos en secuencia inversa al
orden en que se aprende (ley de Ribot), por eso, cuando somos mayores tenemos
mayores dificultades para recordar hechos recientes pero no aquellos que están
anclados fuertemente en nuestra experiencia individual, como por ejemplo
acontecimientos de nuestra niñez o juventud.
Basándonos en el tipo de contenidos que retenemos debemos distinguir entre la memoria referida a los hechos recientes y la referida a acontecimientos remotos.
Existe, además, una memoria declarativa y una memoria procedural. La primera es la resultante de considerar a la memoria como una base de datos, es nuestro conocimiento sobre el mundo y requeriría de un conocimiento o familiaridad con los datos,. En ella, cuando envejecemos podemos tener más dificultades para encontrar palabras en discursos espontáneos o veremos como disminuye nuestra fluidez verbal. La memoria procedural es la referida a la codificación de operaciones de los procedimientos y que implica saber como llevar a cabo una tarea determinada, muy practicada y por lo tanto, automática. Esta memoria procedural no es afectada en el envejecimiento normal.
Debemos finalmente distinguir entre la memoria explicita y la implícita. La primera es la que requiere la intención de recordar y hacerlo. En la segunda no experimentaríamos esa conciencia de que queremos recordar. En ambas no hay cambios en el envejecimiento.
A medida que envejecemos nos es más difícil recordar
hechos recientes, pero en la medida en que utilizamos pistas se puede lograr el
recuerdo de dicha información. Tenemos dificultades a la hora de planificar
estrategias de memorización, repercutiendo en la cantidad de información que
podemos retener y posteriormente evocar.
La capacidad para distinguir entre
recuerdos percibios (más ricos en detalles) y generados (más esquemáticos)
disminuye cuando envejecemos y aumenta la probabilidad de cometer errores de
confusión.
Nuestro rendimiento memorístico se ve afectado por diversos factores:
1.- Familiaridad de los materiales o tareas a
realizar.
2.- Experiencia.
3.- Salud física o mental. Cuando se
experimentan deterioros en ambas nos resulta más difícil aprender o recordar lo
fijado. Los estados de ansiedad o depresión pueden dificultar nuestro
funcionamiento. La ansiedad lleva a que nos preocupemos y centremos en nosotros
mismos en lugar de en la tarea a realizar, con lo cual, al retirarse la atención
de la misma disminuye nuestro rendimiento. La depresión puede operar de forma
indirecta, es decir, cuando nos deprimimos nos preocupamos más por los lapsus de
memoria que experimentamos y nos quejamos más de ellos, provocando que esta
mayor atención en ellos pueda conducir a declives reales.
4.- La tendencia a
la polimedicación, unido a que hay un cambio en los niveles de metabolización de
los mismos, lleva a que la administración de tranquilizantes como el diazepan
alteren el funcionamiento de la memoria.
5.- El uso de alcohol afecta al
sistema nervioso y daña la memoria.
6.- Se produce una disminución de los
niveles de motivación cuando envejecemos.
7.- La precaución genera que los
errores que cometemos son más por omisión que por respuestas erróneas
realmente.
8.- La estructura social a través de los estereotipos trata de que
nos conformemos con las expectativas y roles que la sociedad tiene sobre
nosotros cuando envejecemos.
En resumen, podríamos decir que la memoria que se altera en el proceso de envejecimiento es la memoria procedural y la memoria episódica, manteniéndose estable la memoria semántica.
Existen diferentes opiniones con respecto a la posibilidad de que las personas mayores tengan dificultades para recordar localizaciones espaciales de los objetos.
Para Tubi y Calev (1989) existiría déficit de memoria
verbal-visoespacial en las personas mayores, comportándose peor en pruebas
visoespaciales que en verbales (asimetría del deterioro), lo cual es atribuible
a dos posibles causas. La primera plantea que los cambios asociados con el
envejecimiento aparecen más rápidamente en el hemisferio derecho que en el
izquierdo. La segunda causa se refiere a que aumenta la practica del material
verbal a medida que aumenta la edad y decrece la de material de tipo
visoespacial.
Ante todo esto no podríamos dejar de preguntarnos ¿por qué se
producen tales cambios en la memoria de las personas mayores?.
Craik (1977) sostenía que la adquisición de la memoria a corto plazo dependía de factores como la organización del material a recordar o a almacenar.
Rabinowitz y Ackerman (1982) plantean que los ancianos codifican el material de forma más general, en términos de características semánticas globales y como consecuencia de esto tienen mayor dificultad en integrar relaciones nuevas y una mayor desvinculación con el contexto.
Houx et al. (1991) pensaban que los déficits que
tradicionalmente han sido atribuidos al envejecimiento normal pueden surgir de
la existencia de factores de riesgo no controlados (hipertensión, diabetes...)
que influyen.
Bolla et al., (1991), refieren que las quejas de memoria de las
personas de edad están relacionadas con el estado de ánimo más que con la
ejecución real de las pruebas evaluativas y a mayor nivel intelectual de la
persona las quejas son menores.
Rabbitt (1991) sostiene que el ser optimista con respecto al rendimiento de la propia memoria depende de factores emocionales y de personalidad más que de la edad cronológica.
En mi modesta opinión los déficits en el funcionamiento de la memoria en personas mayores son debidos a que tenemos déficits en la planificación de estrategias a la hora de almacenar y recuperar la información. Posteriormente a la adquisición de estrategias memorísticas y a la familiaridad con los materiales a utilizar, aparte de la similitud con sus actividades diarias el rendimiento de las personas mayores en lo referente a tareas memorísticas mejora.
4.3.3.4.- Atención.
Es la energía o la capacidad necesaria para apoyar el procesamiento cognitivo.
Existen cuatro tipos de atención:
Atención sostenida.
También llamada vigilancia, es
la atención que utilizamos en una tarea cuando la realizamos a lo largo de un
tiempo.
Cuando envejecemos nos distraemos con más facilidad en las tareas
que implican el uso de esta atención y por lo tanto, no podemos darnos cuenta
con igual facilidad que antes de cual es nuestro objetivo.
Atención dividida.
La utilizamos cuando realizamos
dos tareas a la vez. Cuando las tareas a realizar son simples, como indicar si
un objeto está presente o no en alguna representación no hay cambios en el
proceso de envejecimiento con respecto a otras etapas de nuestra vida, si se
presentan dificultades cuando las tareas son complejas.
Atención selectiva.
La empleamos por ejemplo
cuando debemos seleccionar señales de un conjunto de estímulos. Si la tarea a
realizar es irrelevante y sencilla no experimentamos grandes dificultades cuando
envejecemos.
En mi opinión la atención que prestamos cuando somos viejos depende de lo motivados o estimulados que estemos hacia la tarea o suceso al que debemos prestar atención. Si es algo que nos interesa indudablemente le prestaremos toda la atención de la que seamos capaces.
4.3.3.5.- Aprendizaje.
En general el aprendizaje puede ser definido como la
adquisición de asociaciones estimulo – respuesta.
En el aprendizaje verbal
si existe un declive claro a partir de los 60 años pero existen diferencias
interindividuales que nos impiden fijar una línea en dicho declive. Si logramos
organizar el material a aprender en categorías y espaciarlo en el tiempo
logramos mejorar nuestro rendimiento en la capacidad de aprendizaje.
A medida
que envejecemos mejora sustancialmente nuestra ejecución en razonamiento,
resolución de problemas y otras habilidades cognitivas complejas.
Cambia nuestro ritmo de aprendizaje pero mantenemos nuestra capacidad para adquirir nuevos aprendizajes. Indudablemente la metodología de aprendizaje que utilicemos influye, no podemos utilizar la misma que se utiliza con los jóvenes. La metodología que utilicemos en esta etapa debe estar basada en enfoques de aprendizaje de adultos y adaptada a las circunstancias con la finalidad de lograr una mejor fijación de las asociaciones estimulo – respuesta.
Para mejorar la capacidad de aprendizaje cuando somos viejos debemos seguir una serie de pautas:
Darnos más tiempo para aprender, lo cual nos va a permitir organizar, buscar y recuperar la información.
Compensar determinadas deficiencias sensoriales y perceptivas a través de técnicas auxiliares como por ejemplo material audiovisual.
Establecer un ambiente de aprendizaje positivo, en el que nos encontremos estimulados para usar ayudas didácticas y metodológicas.
No darle mucha importancia a si al principio no recordamos lo aprendido.
No encontrarnos muy ansiosos o fatigados a la hora de aprender.
Entender las instrucciones que se dan perfectamente o preguntar en caso de dudas.
Tal como apunta Rubio Herrera R. Podemos desarrollar nuestro potencial de aprendizaje en esta etapa de nuestra vida fundamentalmente en dos áreas:
Las habilidades intelectuales como la interacción social y la sabiduría.
Las habilidades relacionadas con aspectos del sistema de conocimiento y experiencia que pueden verse facilitadas por el medio ambiente en el que nos desenvolvemos y sus demandas hacia nosotros.
5.- ¿COMO AFRONTAR EL PROCESO DE ENVEJECIMIENTO?.
Dos son los puntos básicos a tener en cuenta a la hora de afrontar nuestro proceso de envejecimiento:
5.1.- Informarse y reflexionar sobre el proceso de envejecimiento a nivel individual.
A nivel personal, es sumamente necesario que cada uno
de nosotros, y especialmente cuando llegamos a Adultos Mayores, nos lleguemos a
desprender de los prejuicios, mitos, estereotipos... acerca del envejecimiento
que circulan en la sociedad.
Para ello debemos conocer cuales son los cambios
a nivel biológico, psicológico, social y en los otros ámbitos mencionados
anteriormente con los que vamos a poder enfrentarnos.
Tras obtener
información fidedigna y objetiva debemos reflexionar, es decir, volver a
considerar la información obtenida con más atención y detenimiento. Es
importante que al afrontar este proceso actuemos con una actitud positiva, de
manera que podamos llegar a desarrollar nuestras potencialidades, a nivel
individual y desarrollar nuestro proyecto de vida en el que plasmaremos todas
nuestras motivaciones y podremos adquirir nuevos roles, desarrollar actividades,
seguir activos en la sociedad...
El proceso de asimilación de información y reflexión
es constante y continuo, pues cada día se conoce o aprende algo que puede
resultar interesante a nuestra vivencia y experiencia en este proceso.
La
información realista puede ayudarnos a que nos cuidemos mejor, que conozcamos
que recursos podemos utilizar para ello a corto, medio y largo plazo y saber si
podremos acceder a ellos o no, a saber como podemos participar en nuestra
sociedad....
Como estrategia a generalizar en toda la sociedad, en lo referente a la información, es preciso que la información fluya y se difunda en todas las generaciones, con la finalidad de romper con ese imaginario social que existe entorno al envejecimiento (como el creer que envejecer es estar enfermo continuamente o vivir en una casa de salud...) que coexiste con el modelo deficitario.
Los profesionales de atención primaria y los
especialistas podemos contribuir en gran medida en este proceso de ruptura de
prejuicios y co-guiar la experimentación de nuevos modelos de envejecer
alternativos.
La información deberá alcanzar a nuestro entorno más cercano
como forma de reforzar nuestra red social primaria.
Virginia Viguera menciona que “posicionarse en el proceso de envejecer es tomar conciencia de lo que pasa en él” y yo añadiría que deberíamos también reflexionar acerca de cómo vivimos ese proceso, como lo experimentamos, como nos sentimos y poder llegar a compartir nuestras inquietudes y experiencias con pares de iguales, es decir, con otros adultos mayores. En definitiva, reflexionar es tomar conciencia de nuestro presente reconstruyendo nuestra propia historia y reforzando así nuestro autoconcepto, identidad y autoestima e integrando nuestro pasado en el presente para aminorar los cambios a los debemos enfrentar.
5.2.- Desarrollar nuestro propio proyecto de vida.
En líneas generales, desarrollar un proyecto de vida supone, después de informarnos y reflexionar, pensar, planificar y decidir como queremos vivir esos años del proceso de envejecimiento, preparándonos, eligiendo que actividades (que sean fuente de placer, de esparcimiento y de desarrollo personal) vamos a incluir en él, desarrollando hábitos de autocuidado, participando en la sociedad,... sabiendo, pero sin angustiarnos por ello, que sufriremos más pérdidas que en otras etapas de nuestra vida y que en algún momento de este proceso nuestra muerte puede aparecer. Tiene que ver con el sentido que cada uno de nosotros le demos a nuestra vida y a nuestra autonomía o independencia entendiendo que esta es siempre parcial.
La clave está en que busquemos cuales son nuestras
motivaciones, nuestros motores para seguir viviendo, porque la vida merece la
pena vivirla, disfrutando cada momento y al llegar a esta etapa de nuestra vida
nos quedan muchos años por delante como para sentarnos en un rincón esperando
pasivamente a la muerte.
El objetivo a largo plazo al desarrollar nuestro
proyecto de vida es mejorar nuestra calidad de vida, es decir, llegar a
experimentar un sentimiento de bienestar psicofísico y socioeconómico en el que
influyen tanto factores personales o individuales (salud, independencia,
satisfacción con la vida, autoestima....) como factores socioambientales (redes
de apoyo, recursos como servicios sociales, ayudas técnicas, supresión de
barreras arquitectónicas....)
Dicho proyecto de vida debe, asimismo, ser lo suficientemente flexible como para permitir ir añadiendo cambios en función de nuestras expectativas con respecto al proyecto y la contrastación del mismo con la realidad que nos rodea.
Si no sabemos por donde empezar y precisamos ayuda
para la elaboración de nuestro proyecto de vida, deberemos acudir a un
profesional especializado que nos pueda orientar y guiar, al menos al inicio de
este proceso para poder desarrollar actitudes y estrategias preventivas hacia un
proceso de envejecimiento patológico.
El estar abierto a adquirir nuevos
aprendizajes e implementarlos en nuestra vida diaria, como pueda ser saber usar
una computadora o nuevas tecnologías, o conocer hábitos de salud... puede
ayudarnos a cuidarnos mejor y facilitar nuestras actividades de vida diaria.
Nos cuidamos en la medida en que conocemos los
cambios a los que nos vamos a enfrentar en este proceso y prevenimos con
nuestras actitudes y comportamientos los procesos de un envejecimiento
patológico.
La disminución de nuestros temores y miedos a no saber como
manejarnos en situaciones de crisis y mejorar nuestra salud bio-psico-social, de
manera que aportemos vida a los años y no años a la vida, como dice la OMS, se
ven facilitados por el conocimiento y utilización de recursos como: estancias en
centros de día, ayuda domiciliaria, urgencias domiciliarias sanitarias a través
de la coronaria o un médico de radio, ayudas técnicas, fármacos o remedios
accesibles, adaptaciones en nuestra vivienda, acceso a profesionales y
tratamientos que precisemos,...
Por otro lado la educación en esta etapa de nuestras vidas realiza un papel fundamental en el mantenimiento de nuestro funcionamiento intelectual, sirviéndonos para fomentar el desarrollo de habilidades, ampliar las bases de nuestro conocimiento... que nos serán de gran utilidad ante nuevos procesos de aprendizaje que emprendamos.
La participación social hace referencia a sistemas de apoyo o suministros psicosociales como uniones entre individuos, caracterizados por aportar: ayuda material, asistencia física, compartir pensamientos, sentimientos y experiencias, y establecer contactos sociales positivos para nosotros. La participación social la hallamos en cuatro áreas fundamentales: educación, ocupación, actividad física y recreativa de carácter grupal y las relaciones sociales (familia, amigos, conocidos...).
A través de mecanismos de participación social y cultural podemos permanecer en contacto con la sociedad y aportar todas nuestras experiencias y valores a las futuras generaciones para que, sobre todo en nuestros países de Latinoamérica, no se repitan errores del pasado.
El participar en organizaciones, clubes... de adultos mayores podemos experimentar juntos nuevas propuestas, ensayar nuevos roles y desarrollar actividades pendientes o nuevas que se planteen en nuestros proyectos de vida, permitiendo como menciona Vargas J.H. “... pasar de ser una ciudadanía asistida propio de un estado benefactor intervensionista en toda la esfera social a una ciudadanía emancipada protagonista como actores sociales en su dimensión individual y social hacia el logro de la inclusión social...”. y así ayudar a racionalizar gastos y recursos.
A la labor de permitir la participación social por parte de estas organizaciones se van añadiendo también otros ámbitos, más formales, como el académico, más concretamente la universidad (siendo pionera la de Francia en 1973). La educación se empieza a hacer permeable, permitiendo que podamos seguir aumentado nuestros conocimientos, a través de procesos educativos permanentes, pudiendo aprender a lo largo de toda la vida. En el ámbito de la universidad empiezan a desarrollarse programas de extensión universitaria para mayores o las llamadas universidades de la tercera edad.
El participar en plataformas de cooperación, ongs...
a través de adquirir el rol de voluntario es otra forma de participación social
y cultural y nos permite mantener valores como la solidaridad haciendo visible
nuestra presencia en la sociedad. En la medida en que la cultura del
voluntariado se instale en nuestros adultos mayores actuales o los que lleguemos
a esta etapa de nuestras vidas podamos expresar este rol, ampliaremos las
actividades a realizar en nuestro proyecto de vida.
Las personas que
participan en grupos sociales mantienen un estado de salud superior a los que se
mantienen socialmente aislados y el desarrollar una vida rica en relaciones
afectivas significativas contribuye a vivir más años, mejorando así nuestra
calidad de vida.
En la medida en que nuestra vivencia de este proceso
sea positiva y podamos ir cumpliendo nuestro proyecto de vida podremos
desarrollar estrategias y mecanismos de participación social para poder llegar a
ser agentes de cambio en la sociedad, generando nuevos modelos de envejecimiento
distintos al modelo deficitario.
En lo relacionado con los cambios
psicológicos, aunque a lo largo del artículo he ido mencionando las
implicaciones en la vida diaria que debemos tener en cuenta, preciso que es
fundamental incluir en nuestro proyecto de vida estrategias dentro de la
educación permanente que nos permitan prevenir la aparición de envejecimiento
patológico, contribuyendo a mantener nuestras funciones psíquicas en
funcionamiento el mayor tiempo posible. En este sentido preciso que deberemos
incluir en nuestro proyecto de vida otro tipo de estrategias como entrenamiento
en memoria, reminiscencia, técnicas de relajación, entrenamiento en habilidades
sociales, participación grupal... en definitiva se trata de mantenerse activos,
no sólo físicamente sino también psicológicamente.
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Montevideo 12 de noviembre del 2001
Elaborada por Milagros Martín Guerra
Psicogerontóloga
Montevideo. Uruguay