PERICLES (Gracias a Tucídides)

Hemos convertido nuestra ciudad en la más autárquica, tanto en lo referente a la guerra como a la paz. (...) Pues tenemos una Constitución que no envidia las leyes de los vecinos, sino más bien es ella modelo para algunas ciudades que imitadora de los otros. Y su nombre, por atribuirse no a unos pocos, sino a los más, es Democracia, (...). Resumiendo, afirmo que la ciudad toda es escuela de Grecia, y me parece que cada ciudadano de entre nosotros podría procurarse en los más variados aspectos una vida completísima con la mayor flexibilidad y encanto. (...) Pues las virtudes que en la ciudad he elogiado no son otras que aquellas con que las han adornado estos hombres y otros semejantes, y no son muchos los griegos cuya fama , como la de éstos, sea pareja a lo que hicieron. (...) Porque, a mi juicio, es más útil a los ciudadanos particulares el que la ciudad en su conjunto prospere, que el que los ciudadanos prosperen como individuos, pero que ella como comunidad decline. Pues un hombre a quien en lo suyo le va bien, si su patria se arruina, no en menor grado deja de perecer con ella; en cambio, si él es desafortunado en una ciudad próspera, podrá salvarse mucho mejor. (Discurso Fúnebre)

ROUSSEAU

Sólo hay una ley que, por su naturaleza, exige el consentimiento unánime: la ley del pacto social, pues la asociación civil es el acto más voluntario de todos. Nacido todo hombre libre y dueño de sí mismo, nadie puede, bajo ningún pretexto, sojuzgarlo sin su consentimiento, (...). Si, pues, el pacto social encuentra opositores, tal oposición no lo invalida, e implica solamente la exclusión de ellos, que serán considerados como extranjeros entre los ciudadanos. Instituido el Estado, la residencia es señal implícita de consentimiento: habitar el territorio es someterse a la soberanía. (...) Pero fuera de este contrato primitivo, la voz de la mayoría se impone siempre, como consecuencia de él. Más, se preguntará: ¿Cómo puede un hombre ser libre y estar al mismo tiempo obligado a someterse a una voluntad que no sea la suya? ¿Cómo los opositores son libres y están sometidos a leyes a las cuales no han dado su consentimiento? (...) Respondo que la cuestión está mal planteada. El ciudadano consiente en todas las leyes, aun en aquellas sancionadas a pesar suyo y que le castiguen cuando ose violarlas. La voluntad constante de todos los miembros del Estado es la voluntad general; por ella son ciudadanos y libres. Cuando se propone una ley en las asambleas del pueblo, no se trata precisamente de conocer la opinión de cada uno de sus miembros y de si deben aprobarla o rechazarla, sino de saber si ella está de conformidad con la voluntad general, que es la de todos ellos. (El Contrato Social)

SPENCER

Todo hombre tiene libertad para hacer todo lo que desee, siempre que no viole la igual libertad de acción de cualquier otro hombre. Aunque algunas limitaciones adicionales de la libertad de acción así afirmada pueden ser necesarias, en la justa regulación de una comunidad no puede ser reconocida ninguna limitación adicional de la misma. Tales limitaciones adicionales deben siempre permanecer para la aplicación privada e individual. Debemos por ello adoptar enteramente esta ley de la igual libertad como ley sobre la cual deberá estar basado un correcto sistema de equidad (...) Es un hecho tolerablemente bien establecido que los hombres son aún egoístas. Y que los hombres respondiendo a este epíteto utilizarán el poder depositado en sus manos para su propia ventaja es autoevidente. Directa o indirectamente, de un modo u otro, si no abiertamente entonces en secreto, serán servidos sus fines privados. Concediendo la proposición de que los hombres son egoístas, no podemos evitar el corolario de que aquellos que poseen autoridad la usarán, si les es permitido, para fines egoístas. (Estática Social)

TOCQUEVILLE

En nuestros contemporáneos actúan incesantemente dos pasiones contrarias; sienten la necesidad de ser conducidos y el deseo de permanecer libres. No pudiendo destruir ninguno de estos dos instintos contrarios, se esfuerzan en satisfacerlos ambos a la vez: imaginan un poder único tutelar, poderoso, pero elegido por los ciudadanos, y combinan la centralización con la soberanía del pueblo, dándoles esto algún descanso. Se conforman con tener tutor, pensando que ellos mismos lo han elegido. Cada individuo sufre porque se le sujeta, porque ve que no es un hombre ni una clase, sino el pueblo mismo, quien tiene el extremo de la cadena. En tal sistema, los ciudadanos salen un momento de la dependencia, para nombrar un jefe y vuelven a entrar en ella. (La Democracia en América).