Independencia

textos de Félix Luna 

La transferencia del poder a los núcleos criollos se concretó pacíficamente. Un cabildo abierto resolvió deponer al virrey y nombrar en su lugar una junta compuesta mayoritariamente por criollos. Aunque este cambio se concretó en Buenos Aires, se aceptó en el resto del virreinato, no sin alguna resistencia que fue sofocada.
Empezó, entonces, el proceso emancipador, que quedaría homologado en 1816, en la ciudad de Tucumán, con la declaración de la independencia de estas tierras, que se denominarían “Provincias Unidas en Sud-América”. Para su logro se libraron batallas en el norte y en el Alto Perú, Paraguay y la Banda Oriental, con diversa suerte. Se adoptó una bandera propia, se acuñó moneda con el escudo nacional y se dictaron leyes de carácter liberal. Sin embargo, cundía el malestar en el interior del país, donde se acusaba a Buenos Aires de llevar adelante una política centralista. En 1820 las fuerzas federalistas derrocaron al gobierno nacional, que logró reconstituirse en 1826 para hacer frente a la guerra contra el Imperio del Brasil, que había ocupado la Banda Oriental. Cuando terminó este conflicto, el antiguo virreinato, ahora República Argentina, había perdido el Alto Perú (convertido en Bolivia), el Paraguay y la Banda Oriental (reconocida como República Oriental del Uruguay). Al mismo tiempo, una larga guerra civil entre federalistas y unitarios concluyó con el triunfo de aquellos y la elevación al poder de Juan Manuel de Rosas, que a su cargo de gobernador de la provincia de Buenos Aires agregó tales poderes durante los dieciocho años de su hegemonía que virtualmente convirtió su dictadura en un gobierno nacional.

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